El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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enero 23, 2017

Existencialismo, Witold Gombrowicz


Lunes, 5 de mayo de 1969

Existencialismo, Witold Gombrowicz

El existencialismo es la subjetividad.
Personalmente, soy muy subjetivo y me parece que esta actitud corresponde a lo real.
El hombre subjetivo es el hombre concreto.
No un concepto del hombre, sino Pedro o Pablo, pues el concepto del hombre no
existe, dice Kierkegaard.
A causa de ello, al existencialismo le resulta monstruosamente difícil hacer
razonamientos, pues los razonamientos se basan en conceptos y sólo gracias a la traición
de Heidegger, que se adueñó del método fenomenológico, puede hablarse [frase
incompleta].
El existencialista es un hombre subjetivo, libre. Tiene lo que se llama la libre
voluntad, al contrario de un hombre visto desde el exterior científico, siempre sometido a
la causalidad, como un mecanismo.
Esta atrevida tesis de que el hombre es libre parece absolutamente insensata en un
mundo en que todo es causa y efecto. Se apoya en una sensación elemental: somos libres y
no hay medio de convencerme de que si muevo la mano izquierda no es porque yo quiero.
No es fácil precisar en qué se funda esta posibilidad de libertad.
Supongo que está fundada en una diferencia de tiempo. El tiempo del hombre no es
el pasado sino el futuro. Si se hace algo, no es a causa sino para. «Leo para acordarme
de», etcétera.
Si se trata del pasado, estamos ante la causalidad; en el porvenir, en la existencia del
hombre, nos las tenemos que ver con el futuro.
Podemos decir, más profundamente, que en nuestra conciencia se encuentra la misma
ruptura interior que se revela, por ejemplo, en la física.
El hombre, este Ser para sí, está dividido en dos (con una abertura). Es en esta nada,
en este vacío (esta abertura), donde se introduce la noción de libertad. La libertad tiene un
papel enorme en Sartre porque es el fundamento de su sistema moral.
Sartre es un moralista y es curioso que en la filosofía francesa se produzca de nuevo
la misma desviación observada por Husserl en Descartes.
Descartes, de una forma categórica en extremo, reduce el pensamiento a la sola
descripción de la conciencia, pero de repente, aterrado ante la aniquilación de Dios y del
mundo, se traiciona a si mismo. Reconoce la existencia de Dios. Y de inmediato deduce de
la existencia de Dios la existencia del mundo.
Pues bien, en el caso de Sartre nos las tenemos que ver, a mi juicio, con la misma
cobardía. En El ser y la nada hay hasta unas quince páginas en las que Sartre hace
esfuerzos dramáticos para fundar lógicamente un fenómeno que parece por completo
evidente: la existencia de otro hombre distinto de «mí». Por ejemplo, el fenómeno de la
existencia de Witold es el mismo que el de una silla.
Sartre analiza todos los sistemas: Kant, Hegel, Husserl; y demuestra que ninguno de
éstos tiene posibilidad alguna de reconocer al otro. ¿Por qué? Porque ser hombre es ser
sujeto. Es tener una conciencia que reconoce todo lo demás como objeto. Si yo admitiera
que Witold tiene también una conciencia, entonces, yo soy por fuerza un objeto para
Witold, que es el sujeto. Es imposible ser a la vez sujeto y objeto.
Ahora bien, aquí es donde Sartre se asustó. Su moral tan extremadamente
desarrollada se niega a admitir que no haya otros hombres porque, si el otro es objeto, ya
no hay deberes morales.
Sartre, siempre desgarrado entre el marxismo (científico) y el existencialismo (lo
contrario) se asustó igual que Descartes. Declaró simple y honestamente que, aunque sea
imposible reconocer la existencia del prójimo, no hay más remedio que reconocerla como
una evidencia que salta a la vista. Aquí naufraga de forma dramática toda la filosofía de
Sartre, todas sus posibilidades creadoras, y este hombre, dotado de un genio
extraordinario, se convierte en un simple bonachón (marxismo-existencialismo) que, en el
fondo está obligado a hacer una filosofía de concesiones. Su pensamiento se convierte en
un compromiso entre el marxismo y el existencialismo. Y a partir de ese momento, cada
uno de sus libros se convierte en la base de un sistema moral en que todo sirve para
sostener una tesis ya concebida de antemano. Ahora bien, la base de este sistema moral es
la famosa libertad sartriana.
Dice: «Soy libre, me siento libre». Por tanto, tengo siempre la posibilidad de elegir.
Esta elección es limitada porque el hombre está siempre en una situación y puede elegir
solamente dentro de esa situación. Ejemplo: puedo quedarme en la cama o ponerme a
caminar, pero no puedo elegir volar, porque no tengo alas. Existe la libre elección de
aquello acerca de lo cual el hombre es responsable. Si me niego a escoger entre dos
posibilidades, ésta es también una manera de elegir la tercera actitud. «Si no se quiere
escoger entre el comunismo y el anticomunismo, existe la neutralidad». Sartre dice
también que el hombre es creador de valores. Se trata de la consecuencia directa de un
ateísmo obstinado, el más consecuente de toda la filosofía.
Esta es la situación: dado que hemos perdido la noción de Dios, convirtámonos
entonces, nosotros mismos, a causa de nuestra libertad absoluta, en creadores de valores.
Y, en este sentido, podemos hacer lo que queramos. Ejemplo: si ésta es mi elección, puede
parecerme bien el hecho de asesinar a X o de no asesinarle. Las dos Posibilidades existen,
pero, al elegirlas, me elijo a mí mismo como asesino o no.
Aquí creo reconocer en la filosofía un exceso de intelectualismo y la decadencia (el
debilitamiento) de la sensibilidad. Los filósofos, salvo Schopenhauer, parecen personas
cómodamente sentadas en sus poltronas y que tratan del dolor con un desprecio
absolutamente olímpico, desprecio que desaparecerá cuando vayan al dentista y
comiencen a gritar: «¡Ay!, ¡ay, doctor!». Con su desdén teórico hacia el dolor, Sartre
declara que para un hombre que elija el dolor como un bien la tortura puede convertirse en
un placer celestial. Esta afirmación me parece muy dudosa y muy propia de la burguesía
francesa que, por fortuna, ha estado preservada desde hace mucho tiempo de grandes
dolores. A pesar de la afirmación sartriana de que la libertad está limitada por la situación
y por la llamada «facticidad» (el hecho, por ejemplo, de que tengamos un cuerpo, que
seamos un hecho, un fenómeno en el mundo), a pesar de todas estas limitaciones, Sartre
va demasiado lejos.
El hombre existencial es concreto, único, hecho de nada, por tanto, libre.
Está condenado a la libertad y puede elegirse. ¿Qué sucede si elegimos por ejemplo
la frivolidad y no la autenticidad; la falsedad y no la verdad? Como no hay infierno, no
hay castigo. Desde el punto de vista existencial, el único castigo es que este hombre no
tiene una existencia verdadera. Por tanto, no es un existente. He aquí un juego de palabras,
tanto de Heidegger como de Sartre, del que sin duda se burlará quien haya elegido la
supuesta no existencia.
¿Qué porvenir tiene el existencialismo?
Muy grande.
No creo en los juicios superficiales, según los cuales el existencialismo es una moda.
El existencialismo es la consecuencia de un hecho fundamental: la ruptura interior de la
conciencia, que se manifiesta no sólo en las cualidades fundamentales del hombre sino
que —algo extremadamente curioso— es evidente, por ejemplo, en la física, en la que hay
dos medios de concebir la realidad:
—corpuscular
—ondulatorio
Ejemplo: teorías de la luz.
Ahora bien, ambas teorías son justas, como demuestra la experiencia, pero son
contradictorias. Hallamos el mismo fenómeno en la noción de la física referida a los
electrones, en la que hay dos maneras de concebirlos, que son, ambas, justas y
contradictorias. Asimismo, en mi opinión, el hombre está dividido entre lo subjetivo y lo
objetivo de una manera irremediable y para toda la eternidad. Es una especie de llaga que
tenemos, de la que es imposible curarnos y de la que somos cada vez más conscientes.
Dentro de unos años, será aún más «sangrante», pues no hará sino aumentar con la
evolución de la conciencia.
La profunda verdad de la dialéctica de Hegel (tesis-síntesis) aparece aquí. En estas
condiciones es imposible exigir al hombre que sea armonioso, que pueda resolver nada de
nada. Impotencia fundamental.
Ninguna solución.
A la luz de estas reflexiones, la literatura que considera que puede arreglarse el
mundo es la cosa más idiota que imaginarse pueda.
Un pobre escritor que se crea dueño de la realidad es una ridiculez. ¡Ay, ay, ay! ¡Huf!


Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

enero 19, 2017

Lección sexta HEGEL, Witold Gombrowicz

 En 1969, ya muy enfermo y obsesionado con la idea de acabar de una vez, pensaba
cada vez con mayor frecuencia en el suicidio. Su mujer, Rita, y un joven admirador,
Dominique de Roux, hoy un prestigioso ensayista y novelista, le pidieron a Gombrowicz
que les diera clases de filosofía con el fin de sumergirle en la única materia que siempre le
había apasionado. Aquellos apuntes son los que, reunidos por sus «alumnos», han dado
lugar a este Curso de filosofía en seis horas y cuarto, un repaso de los principales sistemas
de pensamiento moderno desde Kant y a la vez la afirmación de su propio credo
filosófico: el arraigo de una filosofía en la existencia concreta. 
Lección sexta
HEGEL
Sábado, 3 de mayo
Biografía aburrida. Siglo XIX. Profesor en Berlín.
Kant.
Fichte: filosofía del Estado y de la ley.
Schelling: naturaleza artística.” Su filosofía está muy influida por la estética y el arte.
Hegel lo atacó violentamente.
La tesis fundamental de Hegel: lo que es racional es real, lo que es real es racional.
No es tan difícil. La idea principal es que el sujeto es correlativo (dependiente) del
objeto, que uno no puede existir sin el otro.
Imaginad que no existe más que una cosa. Si no hay conciencia, esta cosa no existe.
Sobre esta base formula Hegel su teoría de lo real.
El mundo es una cosa; es conocido en la medida en que es asimilado por la razón, por
una conciencia racional. Hegel da una imagen grandiosa de este proceso.
Supongamos que entro en una catedral. Al principio no veo más que la entrada,
fragmentos de muros, detalles arquitectónicos que no se explican por si mismos. En fin,
veo la catedral de un modo fragmentario. Sigo adelante. A medida que avanzo, veo cada
vez más aspectos de la catedral y por fin llego al otro extremo y la veo entera. Descubro el
sentido de cada fragmento. La catedral ha penetrado en MI RAZÓN. Este es precisamente
el proceso de nuestro desarrollo en el mundo. Cada día comprendemos mejor el mundo,
nos damos mejor cuenta de la razón de cada fenómeno. Por tanto, el mundo existe para
nosotros un poco más cada vez. Llegará un momento, el momento final de nuestra historia
y del género humano, en que el mundo será plenamente asimilado. Ese día desaparecerán
el tiempo y el espacio, y la conjunción del objeto con el sujeto se transformará en un
absoluto. Fuera del tiempo y del espacio. Ya no habrá movimiento. Entonces, ¡zas!, el
ABSOLUTO.
Como veis, semejantes sistemas metafísicos tienen una estructura bastante fantástica.
Incluso cuando los sistemas se vienen abajo sirven para comprender un poco mejor la
realidad y el mundo. Esta idea del progreso de la razón en Hegel se realiza a través de un
sistema dialéctico que hoy en día es de la mayor importancia y que se formula poco más o
menos así:
Cada tesis encuentra su antítesis en un grado más alto. Esta síntesis aparece de nuevo
como tesis y encuentra su antinomia, etcétera. Por tanto, es una ley de desarrollo basada
en la contradicción. Según Hegel, nuestra mente se halla fundada en esta contradicción
porque es imperfecta, porque conoce la realidad tan sólo parcialmente. Por tanto, sus
juicios son imperfectos.
Hegel descubre esta contradicción en la base misma de la mente: por ejemplo,
cuando decimos todo tenemos que admitir lo singular. Cuando imaginamos una cosa
negra hay que pensar también en otro color porque la idea misma del color es una
oposición entre éste y el resto de los colores. Esta misma oposición se encuentra en el
desarrollo histórico del Estado.
Por ejemplo, una dictadura provoca una revolución y una revolución reencuentra su
síntesis en un sistema que no corresponde ni a la dictadura ni a la revolución; un sistema,
pues, de poder limitado que, a su vez, se ve corregido por un sistema, por ejemplo,
oligárquico.
Asimismo, cuando pensáis todo, estáis obligados a pensar nada, y así es como se
avanza, paso a paso, en esta catedral.
La filosofía de Hegel es una filosofía del devenir, lo que constituye un gran paso
adelante, este proceso del devenir no aparece en las filosofías anteriores. No es sólo un
movimiento, sino un progreso, puesto que este proceso dialéctico nos sitúa siempre en un
escalón superior, hasta el logro final de la razón, y este proceso, en Hegel, está
naturalmente fundado en el progreso de la razón, es decir, de la ciencia. Lo que le lleva a
conceder la mayor importancia a la historia.
Para Hegel la naturaleza no es creadora. No avanza. El sol, por ejemplo, sale y se
pone siempre de la misma manera. Ahora bien, lo creador es el devenir humano, que se
expresa sobre todo en la historia. Ya pueden observarse los grandes abismos que se abren
para la mente entre lo que llamamos ahora lo sincrónico y lo diacrónico.
Este abismo forma parte de las grandes contradicciones que siguen caracterizando a
la mente humana, como, por ejemplo, la de objeto-sujeto o la teoría del continuo
einsteiniano, la teoría de los cuantos de Planck, la forma de concebir el electrón, o la teoría
corpuscular y ondulatoria de la luz. La mente humana aparece en esta perspectiva como
algo formado por dos elementos diferentes que no se reencuentran jamás.
El hombre es precisamente esta abertura.
Otra fórmula de Hegel que os dará idea de su lenguaje un tanto complicado: el
hombre es el principio a través del cual la razón del mundo llega a la conciencia de si
misma.
Echemos ahora un somero vistazo a la lógica de Hegel. Esta se presenta, grosso
modo, así:
Afirmo que no existe ninguna cosa, pero, dado que lo afirmo, entonces, al menos,
existe mi afirmación. Por tanto, el ser existe (en oposición a la cosa). Pero puesto que el
ser en sí no significa nada, al decir ser, debo decir que alguna cosa es. Llego, por este
camino, a reconocer que la categoría del ser puede ser pensada solamente con la del noser;
lo que ya os dije al hablar de la antinomia de la mente. Pero quiero mostrar
simplemente cuál es el punto de partida de esta lógica.
La diferencia entre la lógica tradicional y la de Hegel es ésta: según la lógica
tradicional, todo lo que es es idéntico a si mismo y nada se contradice. Es sencillamente el
famoso principio de identidad, según el cual, A equivale a A.
Ahora bien, en Hegel nada es idéntico a si mismo y todo se contradice. (La
imperfección de la razón que avanza: hasta que no haya visto enteramente la catedral, el
sentido es imperfecto. A igual a A no se realiza aquí).
Esto conduce a lo que he anunciado al comienzo: la base de la realidad es el
pensamiento. Basta comparar el mundo hegeliano con el mundo de Aristóteles o el de
Santo Tomás para comprender que el hegeliano es la verdad en marcha, el lugar donde la
humanidad forma sus leyes y el hombre se convierte en un peldaño de la historia.
La importancia que Hegel concedió a la historia ha contribuido ciertamente al triunfo
del pensamiento de Hegel.
Para daros una idea de este pensamiento en sus detalles, y que os mostrará hasta qué
punto mis resúmenes están lejos de contener todas estas cosas, quisiera hablaros de un
libro importante de Hegel: la Fenomenología del espíritu, segundo tomo.
El capítulo sexto (para mostrar el camino de su pensamiento). El espíritu verdadero,
la eticidad, se divide en: el mundo ético, el mundo humano y divino y el hombre y la
mujer.
Esto se subdivide en:
1º La nación y la familia. La ley del día y la ley de la noche, que a su vez se
subdivide en:
A. La ley humana
B. La ley divina
C. Los derechos del individuo
2º El movimiento, en ambas leyes (siempre devenir):
A. Gobierno-guerras-potencia negativa
B. (Muy importante) La relación ética entre el hombre y la mujer en el sentido de
hermano y hermana
C. La influencia recíproca de la ley divina y humana
3º El mundo ético como infinitud, por tanto, totalidad.
El análisis hegeliano de estos temas consiste siempre en descubrir y definir el
movimiento dialéctico al que están sometidos. Esto le lleva a resultados verdaderamente
sorprendentes, a pasajes famosos como el de la dialéctica del amo y del esclavo.
Aún no he hablado de un tema extraordinariamente importante en Hegel, el del
Estado y los pueblos (naciones).
Para Hegel la realidad del Estado es superior a la del individuo. Para él, el Estado es
la encarnación del Espíritu en el mundo. He aquí algunas definiciones que nos permiten
comprender su concepción del Estado:
El Estado es la realidad de la idea moral. Es el espíritu moral en tanto que querer —
voluntad—, evidente para si misma y sustancial, que piensa por si misma y sabe y realiza
lo que sabe en tanto que saber.
Esta horrible frase muestra el sentido más profundo de la idea hegeliana que, de
manera muy superficial, puede expresarse así: para la filosofía anterior, el hombre estaba
sometido a una ley moral instituida por Dios o, como en Kant, sometido a un imperativo
moral. Es decir: el hombre avanza, pero la ley ya existe. Ahora bien, en Hegel todo se
mueve. El hombre, al avanzar, labra su propia ley, y no hay ninguna ley fija fuera de la
constituida por el proceso dialéctico. En Hegel no solamente el hombre sino las leyes
están en marcha, porque son imperfectas.
Otras dos definiciones del Estado en Hegel.
1º El Estado es la realización del querer individual.
2º El Estado es el espíritu que se expande convirtiéndose en la forma y la
organización del mundo. Analiza a continuación las diversas formas de gobierno. Y lo
somete al proceso dialéctico: el gobierno capitalista provoca una dictadura contraria, la del
proletariado. La dictadura del proletariado lleva a una forma superior que podrá reunir los
aspectos buenos de cada forma precedente, etcétera.
Tesis-antítesis-síntesis.
Comprenderéis con qué gula se lanzaron los comunistas sobre esta idea. Para ellos, la
revolución conduce a una dictadura del proletariado, pero después se llega al Estado ideal,
donde la fuerza no tendrá nada que hacer.
Hegel debe su gloria en primer lugar a Marx, y en segundo lugar a los marxistas.
La guerra, para Hegel, es también un proceso dialéctico donde lo inmoral lleva a lo
moral.
El Estado se transforma, al fin, en la encarnación de la divinidad.
Hegel / Kierkegaard
Ataque de Kierkegaard
Es el último gran sistema metafísico que ha tenido lugar. Según la ley dialéctica de
puro estilo hegeliano, la tesis reencuentra su antítesis, y Kierkegaard es la antítesis.
Kierkegaard fue un pastor danés, gran admirador de Hegel. De repente, le declara la
guerra y se produce uno de los momentos más dramáticos de la cultura.
El ataque de Kierkegaard contra Hegel se resume así:
Hegel es absolutamente irreprochable en su teoría, pero esta teoría no vale nada.
¿Por qué?
Porque es abstracta, mientras que la existencia (es la primera vez que aparece esta
palabra) es concreta.
En Hegel no hay más que abstracciones y conceptos; por ejemplo, he visto mil
caballos que tienen todos algo en común, y formulo entonces el concepto de una cosa:
caballo, animal de cuatro patas, etcétera. Pero resulta que justamente este caballo nunca ha
existido, puesto que cada caballo concreto tiene su color. De suerte que el concepto, con el
que la filosofía clásica actúa desde los tiempos antiguos, como en Demócrito o Aristóteles,
como desde Santo Tomás hasta Spinoza, Kant y Hegel, está en el vacío.
La filosofía clásica dice: el hombre.
La abstracción no corresponde a la realidad. Es, por decirlo así, del otro mundo.
Aquí es donde el pensamiento encuentra su contradicción interior más violenta.
Y es la base, por usar el lenguaje hegeliano, de una antítesis que nos lleva
directamente a la existencia.
El existencialismo aspira a ser sobre todo una filosofía de lo concreto. Pero se trata
de un sueño; con la realidad concreta no pueden hacerse razonamientos. Los
razonamientos usan siempre conceptos, etcétera. El existencialismo es, por tanto, un
pensamiento trágico pues no puede bastarse a si mismo, tiene que ser una filosofía
concreta y abstracta al mismo tiempo.
La filosofía de Kierkegaard es una reacción contra la de Hegel.
A partir de Husserl el existencialismo se hace posible, puesto que el método
fenomenológico de Husserl consiste en las investigaciones de la verdad entendida como
esencia.
Es una descripción de nuestra conciencia, una suerte de aplicación al yo del método
aristotélico. Pero, mientras que la filosofía de Aristóteles es una clasificación del mundo,
el método fenomenológico de Husserl consiste en la depuración y la clasificación de los
fenómenos de nuestra conciencia.



 Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

enero 18, 2017

Lección 5 Schopenhauer, Witold Gombrowicz



Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

Lección quinta

Viernes, 2 de mayo de 1969

Schopenhauer reconoce dos posibilidades:

l.' Afirmar la voluntad de vivir participando plenamente de la vida con sus crueldades y sus injusticias.

2.0 No el suicidio, sino la contemplación.

Schopenhauer considera que la contemplación del mundo «como si fuera un juego» es absolutamente superior a la vida.  Lo demuestra de una manera muy ingeniosa.  El artista es aquel que contempla el mundo y queda maravillado con él.  Ahora bien, en este sentido, el artista se parece a un niño, puesto que el niño también se maravilla del mundo de una forma desinteresada.  Por esta razón, dice Schopenhauer, el niño es genial, simplemente porque es niño.  En los primeros años de la vida se hacen más progresos que durante todo el resto de ella.  Por este motivo, en Oriente, el yogui (el que contempla) alcanza la única posibilidad de suprimir la vida.
Schopenhauer formula una teoría artística que es, para mi, la más importante de todas. Y, dicho sea entre nosotros la forma extraordinariamente ingenua e incompleta de tratar el arte en Francia se debe, ante todo, al desconocimiento de Schopenhauer.
El arte nos muestra el juego de la naturaleza y de sus fuerzas, es decir, la voluntad de vivir.  Schopenhauer es concreto en esta materia.  Pregunta: ¿por qué nos encanta la fachada de una catedral mientras que un simple muro no nos interesa?  La respuesta es que la voluntad de vivir de la materia se expresa en la pesadez y en la resistencia.  Ahora bien, un muro no pone de manifiesto el juego de estas fuerzas, porque cada partícula del muro resiste y pesa a la vez.  Mientras que la fachada de la catedral muestra dichas fuerzas en acción, puesto que las columnas resisten y los capiteles pesan.  Vemos la lucha entre la pesadez y la resistencia.  Nos explica también por qué una columna retorcida (curva) no nos satisface.  Es simplemente porque no resiste lo suficiente.  De igual forma, una columna redonda es mejor que una columna cuadrada.
Todo ello para deciros cómo ve el ARTE Schopenhauer.
Lo que él opone a la vida es la contemplación.
Trata también de la escultura y dice que la belleza del hombre proviene de una anticipación a priori fundada en la experiencia.  El cuerpo humano resulta mucho más logrado cuando está bien adaptado a sus fines.  Añade que hay en nosotros un ideal de belleza humana que consiste en prolongar en el porvenir lo que consideramos de calidad en el presente, por ejemplo, unas piernas largas.  Esta calidad obliga al hombre a ir siempre más lejos en el mismo sentido, salud, etcétera.  Podría decirse que es una especie de sueño sobre el modelo de la especie en el porvenir.
Para Schopenhauer la belleza de la escultura griega consistía en un discernimiento entre el instinto sexual y la belleza.  En una palabra: la belleza griega no es excitante y por esta razón es superior.
La pintura.  Si la escultura se preocupaba sobre todo de la belleza y del encanto, la pintura busca en el hombre la expresión, la pasión, el carácter.  Por tanto, en la pintura también se puede considerar lo feo como bello.  Ejemplo: una anciana.  El carácter crea la unidad del hombre en la pintura porque el carácter es lo que une en un sentido (dirección); si no, el hombre quedaría disparejo.
Literatura.  El artista, en general, no actúa mediante los conceptos de la lógica, mediante abstracciones, sino que posee una intuición directa de la voluntad de vivir en el mundo.
Por esto comprueba Schopenhauer que la literatura discursiva, que quiere demostrar algo, no basta para nada.  No puede hacerse arte con principios abstractos, con conceptos.  Si tengo alguna cosa que decir sobre el tema, por ejemplo, de los hijos ¡legítimos, sencillamente lo diré en una conferencia y no en la obra de arte.
La obra de arte busca lo concreto, pero en lo concreto reencuentra lo universal, la voluntad de vivir.  Pensemos en el avaro de Moliere.  Se trata de un personaje concreto que tiene su vida, su color de pelo, etcétera, pero a través de él podemos ver la avaricia en su sentido universal.
 Schopenhauer da la definición del genio, también muy cercana a la del niño.  El genio es desinteresado.  Se divierte con el mundo.  Siente sus atrocidades pero se regocija en esas atrocidades.  En general el genio no sirve para nada en la vida práctica puesto que no busca su interés personal.  Es antisocial, pero ve mejor el mundo porque es objetivo.
Schopenhauer establece una comparación muy buena cuando dice que la inteligencia del hombre mediocre se parece a una linterna, que ilumina solamente lo que se busca, mientras que la inteligencia superior es como el sol, que lo ilumina todo.  De ahí proviene el objetivismo del arte genial.  Es desinteresado.
Schopenhauer dijo muchas cosas respecto al tema del genio, por ejemplo, que éste no puede vivir de forma normal; el artista tiene siempre algún obstáculo que le impide vivir: enfermedad, anormalidad, achaques, homosexualidad, etcétera.
(Los hombres inteligentes son muy sensibles al ruido.) Yo, personalmente, lo interpreto por el hecho de que sentimos mejor aquello que nos falta.  Ejemplo: un oficial de caballería no sabe ni siquiera que está sano, mientras que un enfermo como Chopin posee una aguda noción de la salud porque carece de ella.
Podemos observar a fenómenos como Beethoven, quien, personalmente, fue un histérico y un ser desgraciado, pero que tan bien supo expresar en su arte la salud y el equilibrio (sin duda porque carecía de ellos).
Por mi parte, atribuyo la máxima importancia a la antinomia en el arte.  Un artista debe ser esto y lo contrario.  Loco, desordenado, pero también disciplinado, frío, riguroso.  El arte no es nunca una sola cosa, sino que siempre se halla compensado por su contrario.
Schopenhauer no es verdaderamente filosofía sino intuición y moral.  Mostró su indignación porque en una isla del Pacífico las tortugas de mar tengan que salir cada año del agua para procrear en la playa, donde los perros salvajes de la isla les dan la vuelta y las devoran.  Dijo: he ahí la vida, esto es lo que cada primavera se repite de forma sistemática desde hace milenios.
¿Por qué ya no se lee a Schopenhauer? ¿Por qué no es actual?
1.° La metafísica de Schopenhauer (primera parte del libro) no es válida hoy (sé que el noúmeno es la intuición, la voluntad de vivir), formulada de esta manera.
2.° También, sin duda, el aspecto aristocrático de esta filosofía.  Para Schopenhauer hay hombres mediocres y hombres superiores.  Insultaba a los mediocres.
3.° Se oponía (su filosofía se oponía) a la vida, mientras que de Hegel pueden extraerse cosas muy útiles para la política, que es lo que hizo Marx.
Schopenhauer buscaba la renuncia, pretendía matar la voluntad de vivir.
Para mí es un misterio que libros interesantes como los de Schopenhauer (¡y los míos!) no encuentren lectores.
Schopenhauer detestaba a Hegel.  Decía siempre: ¡ese zopenco de Hegel!  Y, para desafiarle, fijó la hora de sus cursos en la Universidad de Berlín a la misma que los de éste, con el resultado de que la sala de Hegel estaba siempre llena y, la suya, siempre vacía...
Pero Hegel y Schopenhauer tenían argumentos para mostrar que un genio no puede tener éxito, puesto que sobrepasa a su tiempo.  Por esta razón el genio resulta incomprensible y no sirve para nadie.
Así que Schopenhauer y yo nos consolamos bastante bien.

Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

enero 17, 2017

Lección 4 SCHOPENHAUER, Witold Gombrowicz

Lección 4 SCHOPENHAUER, Witold Gombrowicz

 Cristina Fernández Cubas en el prólogo  que escribió para la edición del libro Curso de filosofía en seis horas y cuarto de Witold Gombrowicz cuenta que estando ya enfermo muy grave, muy dolorido prácticamente de muerte, entre el 27 de abril y el 25 de mayo de 1969, el escritor polaco Witold Gombrowicz da en su domicilio de Vence, al sur de Francia, una especie de curso antiacadémico de filosofía a un auditorio reducido: su esposa Rita y el poeta Dominique de Roux, coautor de un libro de entrevistas a Gombrowicz publicado apenas un año antes.
El curso es un invento del joven poeta y ocurrente amigo de Witold no sólo para distraer del dolor al enfermo sino para hacerle olvidar la recurrente idea del suicidio, ya había pedido un arma y veneno. Como toda ayuda, el "profesor" Gombrowicz recurre a viejas anotaciones y a un puñado de libros que compró en la Argentina, durante su estadía de años. Entre esos libros se cuenta una edición de 1948 de las Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente.
 Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

Lección cuarta

Jueves, 1 de mayo de 1969

SCHOPENHAUER

Después de Kant hay una línea de pensamiento que podría dibujarse así:
Fichte
Schelling.  Idealismo alemán
Hegel
«Idealismo», ¿por qué?  Porque la filosofía subjetiva se ocupa de las ideas.
Kant tuvo dos sucesores (cosa curiosa) de dos géneros diferentes:
Schopenhauer
Nietzsche

Arthur Schopenhauer (siglo XIX).
Nacido en Danzig.
 Adopta el sistema kantiano con una formidable diferencia, que consiste en esto.
Después de Kant todos los filósofos quisieron ocuparse de la cosa en sí, de lo absoluto.  Ahora bien, Schopenhauer se levanta y dice: «Resulta que nadie sabe lo que es la cosa en sí, pues bien, yo lo sé».
El mundo queda estupefacto y Schopenhauer prosigue: «Lo sé por intuición interior».  Intuición significa un saber directo, no razonado sino «absoluto».
El razonamiento de Schopenhauer es el siguiente.
El hombre es también una cosa.  Por tanto, si yo soy una cosa, tengo que buscar en mi intuición mi absoluto, aquello que soy en mi esencia.  Y, dice Schopenhauer, «sé que la cosa más elemental en mí, la más fundamental, es la voluntad de vivir».
Aquí se abre la puerta de un nuevo pensamiento filosófico: la filosofía deja de ser una demostración intelectual para entrar en contacto directo con la vida.  Para mí (en Francia casi nadie comparte mi opinión) éste es un momento extraordinariamente importante, que abre la vía a la voluntad de poder de Nietzsche y a toda la filosofía existencias.  Es preciso comprender que el sistema metafísico de Schopenhauer carece de firmeza; en este sentido, Schopenhauer no expresó nada sólido.  Supongo que ésta es la razón de que no se haya mantenido como filósofo.
PERO, ¿QUE ES LA FILOSOFÍA?  Ningún sistema filosófico dura mucho tiempo. Pero la filosofía tiene para mí EL VALOR SUPREMO DE ORGANIZAR EL MUNDO EN UNA VISIÓN.
Por ejemplo, existen los universos kantiano o hegeliano, extremadamente grandiosos; existe el de Nietzsche, y ahí es donde Schopenhauer es importante.
Pasemos de esta visión de Schopenhauer al mundo schopenhaueriano.
Se trata de la primera vez que la filosofía toca la vida.
¿Qué es la voluntad de vivir en Schopenhauer?
El mismo dice que emplea estas palabras porque no le viene a la mente nada mejor.  A decir verdad, se trata más bien de la voluntad de ser, porque para Schopenhauer no solamente el hombre y los animales quieren vivir sino también la piedra que resiste o la luz que persiste.  Schopenhauer dice que esto es el noúmeno kantiano, que esto es lo absoluto.
IMPORTANTE: para Schopenhauer se trata, en el sentido metafísico (más allá de la física), de una sola voluntad de ser, absolutamente idéntica para mí y para esta mesa.
Esta voluntad de vivir, para manifestarse como fenómeno, debe revestir (frase incompleta).
Debe estar en el espacio y el tiempo, en el orden numérico de las cosas.  Es una sola, porque el mundo nouménico no conoce ni tiempo ni objeto, ni nada de todo esto.
Pero cuando esta voluntad de vivir pasa al mundo fenomenológico, se convierte en un fenómeno limitado en el tiempo y el espacio, y entonces se divide de forma inexorable.  Como consecuencia de una ley que Schopenhauer llamaba principium individuationis, se convierte en individual y particular.  Lo repito: Kant demostró que nunca podemos penetrar en el mundo del noúmeno; por ejemplo, es imposible probar la existencia de Dios con un razonamiento.  En este sentido Kant dijo que nuestra razón está limitada al mundo fenomenológico.  El tiempo y el espacio no están fuera de nosotros; el sujeto pensante los introduce en el mundo; no podemos, por tanto, percibir nada infinito y universal como Dios.
Solamente en el tiempo y en el espacio puede el noúmeno manifestarse como fenómeno. Por este motivo dice Schopenhauer que la voluntad de vivir es un noúmeno, está fuera del tiempo y del espacio, es en sí y puede manifestarse tan sólo cuando llega a ser fenómeno (limitado en el tiempo y el espacio).
Cuando la voluntad de vivir se manifiesta en el mundo fenomenológico, se divide en una innumerable cantidad de cosas que se devoran mutuamente para vivir.  El perro devora al gato, el gato al ratón, etcétera.
El gran mérito de Schopenhauer consiste en haber encontrado algo tan decisivo como esto: la muerte, el dolor y la guerra eterna con que cada ser ha de habérselas para sobrevivir.
Siempre he considerado que la filosofía no debe ser intelectual sino algo que arranque de nuestra sensibilidad.  Por ejemplo, para mí, el solo hecho de que soy consciente de la existencia de un árbol no tiene importancia hasta el momento en que éste me procura placer o dolor.  Sólo así se hace importante.  Esta es la idea que intento introducir en las entrevistas, etcétera.
Nos encontramos en un mundo absolutamente trágico. Se dice de Schopenhauer que es un pesimista. ¡Eso es decir demasiado poco!  Es al mismo tiempo una visión grandiosa y trágica que coincide, ¡ay!, perfectamente con la realidad.  Schopenhauer deduce varias consecuencias de su sistema.
Por ejemplo, la naturaleza no se preocupa de los individuos, sino de la especie.  Millones de hormigas tienen que morir para engendrar la especie.  De igual forma, si un hombre se sacrifica en una batalla, es también por el mismo motivo.  En fin, Schopenhauer era un misógino furioso por la sencilla razón de que la mujer se encarga de la prolongación de la especie.  Decía que tampoco en el amor puede existir la felicidad personal, porque el individuo queda sacrificado a la especie.  Resulta muy emotiva la atención con la que el joven contempla a una muchacha y viceversa.  Solamente quieren saber si podrán tener hijos «de buena calidad».
En el sexo opuesto uno busca a su contrario: nariz grande, nariz pequeña, etcétera.  El hombre no puede llegar a la felicidad individual.  Su voluntad de vivir le obliga a devorar a los demás o a ser devorado por ellos.  En consecuencia, Schopenhauer hace un análisis de los diversos sentimientos nobles (ejemplo: el amor al hijo en la mujer); demuestra que todo ello va contra la felicidad individual.  Después, muestra asimismo que lo que llamamos felicidad o placer no es más que el apaciguamiento de un malestar.  Si sentís placer cuando os coméis un filete, es porque antes teníais hambre. Para Schopenhauer la vida es un malestar continuo y criminal.
¿Cuál es la posibilidad, según Schopenhauer, de salir de este conflicto infernal?
¿El suicidio?  No, éste no sirve de nada puesto que al suicidamos tan sólo confirmamos nuestra voluntad de vivir.  Pues si me suicido es porque mi voluntad de vivir no ha sido satisfecha.
La única forma de separarse de la voluntad de vivir es la renuncia.
Yo mato en mí mi voluntad de vivir.
Esto es lo que condujo a Schopenhauer hacia la filosofía hindú y oriental, que proclama precisamente la contemplación y la renuncia a la vida.
Hay que decir que se trata de una tesis un poco artificiosa, y que la parte de su obra El mundo como voluntad y representación dedicada a la filosofía oriental es la menos convincente.




Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

enero 16, 2017

Lección 3 Kant Tercera parte de la Crítica de la razón pura. Posibilidad de los juicios sintéticos metafísicos, Witold Gombrowicz

Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO
Lección tercera

30 de abril de 1969

 KANT

Tercera parte de la Crítica de la razón pura Posibilidad de los juicios sintéticos metafísicos

Metafísica:      todo lo que no es físico, como el alma, el mundo y Dios.

Estos tres elementos no son percepciones directas (como una silla) sino que son síntesis.  Ahora bien, el alma es la síntesis de todas las impresiones porque para el hombre es su yo (el alma) el que asimila todas las impresiones.  El alma es la que recibe las percepciones.
La segunda síntesis, es decir, la del mundo, es la síntesis de todas las cosas.  Ahora bien, la crítica de la idea del alma consiste en demostrar que todas nuestras percepciones están dentro del tiempo pero que el alma no está dentro del tiempo. El alma es inmortal.
Kant pasa entonces a la idea del Cosmos- es decir, del mundo.  Y muestra que hay cuatro antinomias de la razón pura que se excluyen la una a la otra.

Primera antinomia.
El mundo tiene un comienzo en el tiempo y límites en el espacio.  Ahora bien, esto carece de sentido porque, cuando el conjunto del mundo (de las cosas) termina, aún tenemos el espacio y el tiempo.  Pero como el mundo es la síntesis de todo, no puede limitarse a un todo limitado.  Es preciso ver aquí cierto pensamiento filosófico que consiste en reducir las cosas a evidencias.

Segunda antinomia.
El cosmos se compone a la vez de elementos divisibles y de elementos indivisibles.  Esta antinomia puede reducirse a lo que podríamos llamar la limitación de la cosa.  La cosa (o el objeto) ha de ser forzosamente limitada para que sea una cosa.  Por esta razón el tiempo y el espacio no pueden ser considerados como una cosa.  Ahora bien, el concepto de cosa, para llegar a la plenitud, a la fuerza debe llevar inserto el tiempo y el espacio, puesto que Cosmos significa absolutamente todo cuanto existe.
Tenemos aquí una contradicción, porque el Cosmos debe ser ¡limitado en el tiempo y el espacio para incluirlo absolutamente todo.  Es lo que sucede cuando tomáis un objeto: podéis dividirlo sin cesar.  No hay límites para ello.  La idea de objeto contiene por tanto una contradicción, puesto que debe ser al mismo tiempo limitado e ilimitado.

Tercera antinomia de la idea del Cosmos.
Para nosotros el Cosmos ha de tener una causa, puesto que [frase incompleta] idea interiormente contradictoria.

Cuarta antinomia.
Dios debe existir para nosotros y al mismo tiempo no puede existir.  Kant enumera aquí tres argumentos teológicos que demuestran la existencia de Dios.  Ahora bien, [frase incompleta].
Primer argumento: ontológico.
Ontológico significa todo cuanto concierne al ser.  Tenemos una idea de Dios como un ser perfecto.  Pero, un ser perfecto, para tener la perfección debe tener también la cualidad de existir.  Este argumento me parece demasiado retorcido.  Kant dice que la categoría de existencia es una percepción.  Ahora bien, Dios no puede ser percibido.
Segundo argumento: cosmológico.  El mundo debe tener una causa, pues, según la categoría de causalidad, todo debe tener una causa.  Si es así, Dios debe tener también una causa.
Tercer argumento: teleológico.  Telos significa finalidad.  Todo lo que está en el mundo debe tener una finalidad, debe ser obra de Dios.  Pero si Dios es teleológico, entonces El mismo debería haber sido creado para un fin.
Kant subraya que los errores de la metafísica provienen de que ésta actúa fuera de los límites de la experiencia y de su empleo de las categorías.
Llegamos a la última tesis de la Crítica de la razón pura.  Kant demuestra que nuestra razón no basta para descubrir lo que él llama el noúmeno.  Por ejemplo, si veis un objeto, tenéis la impresión de que es un objeto blanco hecho de cierta forma, etcétera.  Pero basta ponerse unas gafas amarillas para que todo cambie.  Imaginad una hormiga que mira el mismo objeto y no lo ve más que en dos dimensiones y no tres.  Pues bien, para una hormiga o para una persona que se ponga unas gafas amarillas, el objeto cambiará.
Kant se pregunta si la razón pura puede descubrir el objeto en sí, objetivamente, con independencia de nuestras maneras de percibirlo.  Comprueba que es imposible; nunca podemos saber lo que es el noúmeno, lo absoluto, en sí, independientemente de nuestras percepciones.  Estamos limitados al mundo fenomenológico.  Esto es importante porque vais a encontrar este problema en Husserl, en Hegel, etcétera.  Nuestra razón debe limitarse al mundo fenomenológico.

 
El fenómeno es lo que yo veo según mi facultad y mi forma de ver las cosas: Psina* para mí es blanco, en el tiempo y el espacio.  Es el fenómeno.  El noúmeno (lo absoluto) consiste en preguntarse: «¿cómo es Psina, no para mí, sino en sí?».
La crítica kantiana es una limitación del pensamiento.  El pensamiento humano se consideraba capaz de comprenderlo todo.  Pues bien, después de Kant, por no hablar de Descartes, el pensamiento sufre una reducción y esta reducción es extremadamente importante.  Ella demuestra que el pensamiento llega a cierta madurez, comienza a conocer sus límites, y vais a encontrar en toda la filosofía posterior, por ejemplo en Feuerbach, en Husserl, en Marx, etcétera, la misma tendencia a reducir el pensamiento.  Hoy en día la filosofía no consiste en buscar una verdad absoluta, como la existencia de Dios, sino que se halla más limitada, se limita solamente al mundo fenomenológico, o reemplaza la pregunta: «Qué es el mundo» por «Cómo transformar el mundo» (Marx) y encuentra la expresión más pura en el método fenomenológico de Husserl, que no se interesa en absoluto por el noúmeno sino por el fenómeno.

Crítica de la razón práctica, segunda gran obra de Kant.

Esta obra está hoy en día superada, aunque contenga pasajes muy auténticos.  Kant quiso llevar a cabo en ella al o parecido a la Crítica de la razón pura.  Pero si ésta habla de los juicios mediante los cuales se puede conocer el mundo, la Crítica de la razón práctica se ocupa de los juicios que califican las cosas (la calidad de las cosas).  Ejemplo: este hombre me gusta, este pan es bueno.
Aquí percibimos los juicios como juicios imperativos.
Crítica de la razón pura: se trata de comprender, de saber.
Crítica de la razón práctica: se trata de lo que debo hacer, obrar (moral).
Ahora bien, los imperativos pueden ser hipotéticos o categóricos.
Categóricos, cuando la voluntad es autónoma y no está condicionada por nada.  Ejemplo: «Hay que ser moral» es categórico.  No depende de ninguna condición.  Si digo que debo ser moral para ir al cielo o para obtener el respeto de la gente, ya es un imperativo hipotético.
Esto es importante porque en nuestra época se confunden estas cosas.
Para Kant el imperativo moral ha de ser desinteresado.
Ahora la moral depende enteramente de la voluntad.  Cuidado: se trata de leyes kantianas que se interpretan de forma confusa.  Ejemplo: si mi madre está enferma y yo, con la mejor voluntad de curarla, le doy por error un medicamento mortal, desde el punto de vista moral, he actuado correctamente.
Por esta razón, es preciso juzgar por sus intenciones a los mayores monstruos de la historia: Hitler y Stalin.
Si Hitler consideraba que los judíos eran la enfermedad del mundo, entonces actuó de forma correcta desde el punto de vista moral, aunque estuviera equivocado.  Pero si hizo aquello por interés personal, entonces fue una inmoralidad.  La moral, para Kant, es la voluntad moral, la buena voluntad.
Aristóteles:     la clasificación, el orden el mundo objetivo.
El hombre considerado como objeto, animal.
Marx.  Para Marx el hombre es objeto. [Witold se opone.] El artista debe estar dentro de lo subjetivo.
Leer la biografía de Kant escrita por Thomas de Quincey.

* Psina, el perrito de Gombrowicz.
Witold Gombrowicz de CURSO DE FILOSOFÍA EN SEIS HORAS Y CUARTO

Cristina Fernández Cubas en el prólogo  que escribió para la edición del libro Curso de filosofía en seis horas y cuarto de Witold Gombrowicz cuenta que estando ya enfermo muy grave, muy dolorido prácticamente de muerte, entre el 27 de abril y el 25 de mayo de 1969, el escritor polaco Witold Gombrowicz da en su domicilio de Vence, al sur de Francia, una especie de curso antiacadémico de filosofía a un auditorio reducido: su esposa Rita y el poeta Dominique de Roux, coautor de un libro de entrevistas a Gombrowicz publicado apenas un año antes.

El curso es un invento del joven poeta y ocurrente amigo de Witold no sólo para distraer del dolor al enfermo sino para hacerle olvidar la recurrente idea del suicidio, ya había pedido un arma y veneno. Como toda ayuda, el "profesor" Gombrowicz recurre a viejas anotaciones y a un puñado de libros que compró en la Argentina, durante su estadía de años. Entre esos libros se cuenta una edición de 1948 de las Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente.

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