Se ahogó mi risa
Se ahogó mi risa en el espejo.
Largo crujido siniestro lanzó a la noche el cristal de
plata.
Una, dos… calló la hora, metal frío de planeta en la
rigidez del páramo.
Epiléptica de calentura la luna se dio a los balcones.
Y el cadáver de mi risa es una esmeralda blanda
que al deshacerse vuelve en la superficie argollas y
cruces brillantes.
Teresa Wilms Montt
De Anuarí (1919)
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1 de abril de 2024
Se ahogó mi risa, Teresa Wilms Montt
31 de marzo de 2024
Los tres cantos III La noche, Teresa Wilms Montt
Los tres cantos
III
La noche
¡Llora, alma mía, llora!
¡Llora con la noche desolada, llora con sus estrellas que
son rutilantes lágrimas cristalinas de misterio! llora con la negra serenidad
del paisaje y las heladas rocas en el horizonte esfumado; llora con el ave
agorera en el enredo de los cipreses, y con la sierpe desencantada en el hueco
de las montañas!
¡Llora, alma mía, con la angustia de los muertos
olvidados, y con los restos náufragos
donde habitó la vida!
¡Llora con el puente inservible, que sume en el agua la
mitad de su cuerpo, y con la belleza tétrica de las estatuas mutiladas!
¡Llora, alma mía, con el mar bravío, que emociona a1
cielo con su rugir salvaje, y llora
con la cuna vacía!
¡Llora con el éxtasis de los lagos turbios y con la
mirada yerta de la lámpara apagada!
¡Llora con el alud de nieve que purifica el llano y hace
a1 hombre más bueno!
¡Llora con el paria, y con la mujer repudiada en su lecho
de hospital!
¡Llora, alma mía, llora con la madre a quien la
brutalidad del hombre arrancó sus hijos y
la ha dejado sola en medio de la vida!
¡Llora, alma mía, con los que no tienen consuelo, que,
como muertos con alma, no aguardan nada ni a nadie esperan!
¡Llora, que tu destino es el llanto!
¡Noche hermana! Pupila inconsolable que de tanto llorar
has quedado ciega.
¡Oh, noche! Niobe del orbe. En tus brazos encuentro el
sitio propicio para hundir mi cabeza henchida de sollozos. En tus sombras sigo
yo, paso a paso, el destino de mi espíritu errante.
¡Oh, noche! Si de llorar te volviste sombría, las
lágrimas que derramaste, piadosas de tu tristeza, se volvieron estrellas para
iluminarte ; pero las mías, ¡noche!, son como goterones delava que van surcando
mis ojeras y cavandolentamente la tumba de mis ilusiones.
En tu lobreguez despótica de reina inconsolable,
encuentro un sentimiento hermano; y es ahí, en el terciopelo de la vestidura
que arrastras, donde quisiera envolverme como en un cendal y quedarme dormida.
Si, quedarme dormida ¡oh, noche! cantando una canción de cuna, meciendo en mi
alma a las dos criaturas que me arrancó la vida; cantando en mi alma a1 amor
que me arrancó la muerte.
Madre de los vivos y de los muertos, ¡oh, Naturaleza!
Cuida del dormido que sepult6 en tus brazos su alma
joven. Evita que losgusanos perforen sus ojos, que fueron astros de amor, y
cuida de su boca tersa donde sonreía la vida ;que en su rostro, con carnes de
topacio, no se enseñoreé la muerte y lo ponga lívido; cuida ¡oh, Naturaleza!
para que un rayo de sol sea su eterno cirio y, atravesando las entrañas de la
tierra, llegue a acariciarlo como una dicha; cuida que su cuerpo permanezca
bello, que la negrura del misterio no maltrate su morbidez; que sus manos, nidos
de caricias y energías, queden frescas como tus plantas y tus flores; cuida de
que sus pies, que siempre anduvieron de prisa en busca del bien, sean
respetados como dos queridas reliquias, y cuida de su coraz6n, que fue el cofre
donde encerró, la vida la esencia de su belleza.
¡Naturaleza, mi Dios! De rodillas, junto a esta tumba
amada, te imploro como una hija
en agonía a su madre cariñosa. ¡Cuida de el! Cuida del
que me dió la sensación de aurora en el frío ocaso de mi tristeza; cuida y no
lo maltrates; en cambio toma de mi la juventud para alimento de tus roedores
necropófagos, y la sangre de mis arterias, para que se embriaguen como en un
rojo vino de olvido.
¡Naturaleza! Por el ruido de tu mar preferí el rugir de
las pasiones; por la paz de tu llanura y la ondulación de tus montañas, las
tortuosas inquietudes y las alturas de la farsa humana.
Troqué el canto de sus aves por las palabras halagadoras
y engañosas, y por la luz de tu sol, losfuegos fatuos del siglo, que me
hicieron caminar como una sonámbula errante.
¡Perdón, madre de mi juventud! Ahora, que llego a echarme
en tu tierra, cansada de luchar, con los ojos ciegos por el llanto; ahora, que
mi alma es un pájaro herido y sin alas vengo a implorarte que me recojas en tu
seno.
Ven, muerte luminosa. Con santa piedad cierra mis
párpados quemantes;sella mi boca
para que cese de imprecar; purifícala, como a Isaías el
leño encendido; calma la fatiga de mi cuerpo, y con tu bálsamo de nieve alivia
el dolor de mis pies mutilados.
Ven, muerte, y dame el supremo abrazo que hace majestuosa
a la criatura miserable.
Ven, muerte, a libertar mi cuerpo de su yugo espiritual.
Quiero volver a la tierra, confundirme con el polvo,
fecundar sus entrañas con mi sangre, y sentir sobre mi piel su noble caricia
perfumada.
Quiero que penetre en mis huesos el agua de losríos, para
que a ellos lleguen a refrescarse los gusanos.
He de ser la hierba humilde que embellece los campos, y
la piedra donde reposa su cabeza el exhausto peregrino.
He de ser manantial donde vaya a apagar la sed el rebaño
y donde se miren las nubes blancas, que van de prisa.
Mis brazos se levantarán, como gajos florecidos a
bendecir el azul; mis piernas serán dos sólidas columnas que servirán de apoyo
a las flores trepadoras; y mi cabeza, todavía gloriosa de pensamiento, se
erguirá en forma de laurel que brinde ilusión y dulzura a las almas solitarias.
¡Ven, muerte! Ansío sentir en las llagas del pecado la
santidad de la tierra que me cubra. Que mis ojos cansados de mirar horrores se
diluyan en lágrimas eternas.
¡Ven, muerte, acúname en tus huesudos brazos; dadme el
beso del olvido!
Es con ellos que se siente fuerte, y es a ellos a quienes
se entrega sin recelos, blandamente, como un devoto a su Dios.
Muertos míos ; sublimes amados. Viviré entre vosotros;
seré un dormido caprichoso sin sueño de hielo, pero con su glacial reposo.
Seré la madrecita de todos, que llegue cargados los
brazos de flores, de esas flores que vosotros no podéis coger con vuestros
rígidos dedos.
Seré la novia casta que os dé toda la intensidad de su
virgen dolor entre lápidas y piedras.
Seré vuestro día, vuestro sol, vuestra noche de luna.
¡Oh, muertos míos! Nadie vendrá a disputarme este privilegio ; los vivos tienen
tanto por qué olvidaros en su lucha por los honores.
Ellos no saben que en vuestro país se halla la clave del
enigma.
¡Muertos míos, muertos míos! Las ondas de mi mar interior
se llenan, preñadas de dulzuras a1 borde de vuestros lechos.
Soy buena, soy buena. ¡Benditos vosotros, que habéis
hecho que yo me encontrara!
Bendito tú que me has purificado con tu muerte.
Buscando la luz llegué hasta las tinieblas y allí la
encontré; la encontró entre húmedas
tumbas y sarcófagos, entre maderas podridas y agujereados
plomos.
Me guió en el camino un grimillón de hormigas que en
ordenada fila hacían sus paseos subterráneos, cargadas de hojitas y pétalos,
que caen como migajas de un festín de recuerdo a los pies de los muertos.
Allí encontró la luz, la verdad y el amor.
El cielo se hace más frágil en el país de los
dormidos;tiene tonalidades nacaradas que se ofrecen con humilde suavidad a las
fosas, y en el sol hay menos deseo de irradiación, más pulcritud en su oro que
en los campos, donde vuelve brillante, como llamas avivadas por el viento, a
las espigas maduras.
He escuchado la conversación de los que se fueron, que es
un murmullo caricioso; y tengo envidia. ¡Hay tanta belleza en la sencillez y el
frío!
Cada muerto es un bloque de nieve inmaculada que esparce
su blanca serenidad como una hostia excelsa de perdón y olvido.
Cada muerto es una bondad honda, inmutable.
Cada muerto es un ejemplo de muda abnegación.
Allí, entre los muertos, encuentro mi espíritu, y es con
ellos que locomparten sus graves ternuras.
Teresa Wilms Montt
De Los tres cantos
30 de marzo de 2024
Los tres cantos II El crepúsculo, Teresa Wilms Montt
Los tres cantos
II
El crepúsculo
¡Reza, alma mia, reza!. . .¡Reza con la tarde moribunda,
con la campana del claustro lejano que desparrama por los aires su quejido de
metal!
¡Reza con la oveja descarriada y con los árboles
fervorosos, que inclinan hacia el lago sus copas sombrías!
¡Reza, alma mía, con el pájaro sin nido y con la pupila
ciega del pozo abandonado!
¡Reza; reza con el camello exangue en las arenas del
desierto y con el león herido en las selvas; reza con los campos devastados y
las espigas sin grano!
¡Reza con el duelo del abismo y con la hoja desprendida!
¡Reza con la carreta sin ruedas, abandonada en la mitad
del camino, y con la derruída cabaña que, como alma del paisaje, quedó
aguardando al hombre!
¡Reza; reza, alma mía, con el huérfano y con el viejo
mendigo; reza con las flores que recogen sus pétalos para morir, y con el sol
que llorando orova a esconderse en la montaña!
¡Reza, que en el horizonte se ciñae un anuncio de sangre
y las nubes cargadas de odio van a encontrarse con la desgracia; reza y
arrodillate, alma mía, pide para que la paz reine entre los hombres y los
elementos; que todos unidos por un mismo esfuerzo vayan serenos hacia el fin de
las cosas y renazcan con mayor vigor y sabiduría!
¡Reza con los seres anónimos que dan sus energias y
bondades sin pedir retribución ni honores, con el tembloroso anciano que
inclina hacia la tierra su cabeza Ilevando en ella un espíritu primaveral!
¡Reza; reza, alma mía, con la pobre enamorada que para
siempre vió dormirse en sus brazos a1 amado, reza con ella, que tuvo la feroz
realidad de sentir impotente el poder de sus besos y de su amor para volverle
el calor de la vida!
¡Reza con los corazones desgarrados que aullan de dolor a
las sombras y tienen que reir con la luz del sol!
¡Reza; reza, alma mía, toca el polvo con tus sienes
pensativas, conjura los malos augurios, alivia las amarguras y da tu esencia
por las nobles y buenas causas!
¡Reza, que es la hora de los presagios, de las
apariciones tétricas; la hora en que nace el destino de los hombres!
¡Reza contrita, alma mía; que llega el dolor!
Se va el sol, y de alas de mariposas muertas nacen flores
para las tumbas.
Se va el sol. Desconsolada llega la noche, trayendo en su
regazo el cadáver del día, pálido, frio, exangüe. . . Sañuda, la felina loba
acecha a los corderillos, afilándose los dientes en la corteza de los añosos
árboles, martirizando las hojas con sus feroces garras.
Se va el sol, y una música alejada de vientos y de
cascadas lo acompaña hasta la montaña.
Los insectos rumorosos corren de un lado a otro,
escondiédose entre las malezas, evitando el último rayo del astro de oro.
Se va el sol. Las penas rondan el mundo con caras
hambrientas buscando corazones para devorar.
Se va el sol, y la sonrisa del moribundo se está grabando
en la indeleble piedra de la inmortalidad.
Se va el sol y el alma mía tiembla de pavor en las
tinieblas.
¡Naturaleza! El hermoso rostro de él se vuelve mustio y,
como los cirios que se apagan, inclina su lánguida cabeza.
La voz, su alegre voz, se atenúa; ruedan las palabras y
un eco cavernoso responde en el misterio.
Sus ojos, que guardan el encanto, la causa de mi vida, se
entrecierran sin brillo y como luceros tristes me miran hondo, despidiéndose.
¡Naturaleza! ¿Pretendes, acaso, negar tu apoyo a esa
grande alma y dejar que se precipite en el caos como una sombra?
Te cantaré; madre mía, te imploraré; postrada besarié la
tierra en prueba de humildad.
Dejaré que los hombres me miren con desprecio; aceptaré
la mordedura de las viboras y el azote de sus viscosos miembros sobre mis
espaldas.
Recibiré con gusto el castigo de los vientos helados que
me penetrarh hasta la médula y que harán su guarida en mi cerebro.
Pediré a los rayos y a los truenos que sobre mi frente
descarguen su furor.
Con llena voz imploraré a1 mar para que me envuelva en
sus iracundas olas, y me haga libar hasta las heces su amargor.
Dejaré que el sol se ensañe con mi cuerpo y lo carbonice;
seré resignado combustible para las llamas aviesas.
Renunciaré a mi conciencia, y seré bestia. humilde, con
los ojos vueltos hacia la tierra, en espera de horrendos martirios.
Seré un ente, una cosa, una brizna; pero deja
que él viva, que él respire, que reciba la bendición
augusta de todo lo que tú encierras, ¡Naturaleza excelsa!
Teresa Wilms Montt
De Los tres cantos
29 de marzo de 2024
Los tres cantos I La mañana, Teresa Wilms Montt
Los tres cantos
I
La mañana
Canta alma mía; ¡canta a la mañana!
¡Canta con los pájaros, con los árboles, las flores y las aguas! ¡Canta con el viento y la montaña, con el bosque y el llano encendido por el sol, que se te ofrece como un ánfora de oro desbordante de vida!
¡Canta, alma mía, con el grillo maravillado de luz, que mora en la corteza de los pinos y con la abeja ebria de perfume; canta con el águila solitaria en la cúspide de las rocas y con la hormiga laboriosa en las cavidades de la tierra!
¡Canta con la mariposa de alas inquietas como párpados de niño, y con el sapito verde desde su trono de nenúfares en el espejo del estanque!
¡Canta con la res fecundada y la miés madura; con los frutos rosados, que se abren como labios jóvenes; canta con el tierno corderito de la majada y la madre feliz que lo ha parido!
¡Canta, alma mía, canta con el alma gemela; con la buena alma hermana que vibra, llora, y ríe en un solo impulso contigo!
¡Canta con el candor alegre de la franca sonrisa y con la mirada clara quc refleja la serenidad de su dulce sentir!
¡Canta, alrna mía, y tiende tus brazos al amor que llega desalado a refugiarse en tu seno; dale abrigo, alma mia, y estimula su creciente vigor!
¡Canta con las lágrimas de dicha que tiemblan y resbalan como gotas de rocío sobre los pétalos, y con el beso que se insinúa temeroso, descorriendo los velos del corazón para dar paso a una plena aurora de amor!
¡Canta, canta, con la vida, con las pasiones de fuego, con los deleites sanos; canta con la suprema gloria de los espasmos compartidos, y con las languideces que ponen en los ojos tonos de atardecer!
¡Canta, alma mia, y comunica a las cosas pasivas tu fuego; entrégales tu esencia, crea mundos, prodiga bellezas y bondades, hasta erigir un tronoa la casta verdad!
¡Canta y atraviesa los espacios con tu voz musical e impón silencio a los pájaros para que escuchen la palabra del hombre sabio y fecundo!
¡Canta, alma mia, canta y bébete de un sorbo el néctar de la mañana; canta, alma mía, mientras el cielo azul y la campiña sean para ti una bacanal con cuya belleza puedas embriagarte!
¡Canta, alma mía, canta antes que cierre la noche y aúlle el lobo salvaje en la montaña!
Teresa Wilms Montt
De Los tres cantos
28 de marzo de 2024
12 de diciembre, 1917 Buenos Aires 2:00 a. m. Teresa Wilms Montt
12 de diciembre, 1917 Buenos Aires
2:00 a. m.
Sin filosofía y sin ilusiones me embarco mañana,(1) huyendo de una pena negra y tan negra, como que emana de una fosa recién abierta en cuyo fondo he desgarrado mi corazón.
En el naufragio de mi vida, aférreme desesperadamente al cue-llo juvenil de un hombre que, después de salvarme, se dobló con la gracia de un olímpico sobre mi pecho y entregó su bello espíritu al eterno.
Teresa Wilms Montt
(1) Teresa Wilms Montt se embarcó en el Vestris, camino a Nueva York, el 13 de diciembre de 1917. Su idea era alistarse en la Cruz Roja y colaborar con los aliados en la Gran Guerra.
27 de marzo de 2024
Noviembre, 1917 Buenos Aires, Teresa Wilms Montt
Noviembre, 1917 Buenos Aires
Mi cama ancha, toda blanca y fría como las avenidas
heladas por la nieve, me hace desear con vehemencia el estrecho y amoroso
ataúd.
He cavado, cavado con la constancia de un sepulturero,
las tie-rras de mi corazón.
Dolor, quien lo sufre y lo busca ha descubierto el fervor
de los iluminados mártires y el secreto de la eternidad.
Teresa Wilms Montt
