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31 de enero de 2023

Eres Tierra, José María Castellano

 ERES TIERRA
 
Anoche la luna
para ti
derramó estrellas,
y, polen de luz: luciérnagas…
Amor, eres ciruela,
fruta soleada
de muchas siestas.
Frutilla eres
sabor a gleba.
 
Porque así eres, mujer,
cálida hembra,
donde ara y siembra
pétalos la diamela
con sueño de luna llena.
Anoche supo tu beso
a rosas y madreselvas.
 
Eres tierra,
seda
y risa de castañuelas.
 

Jose Maria Castellano

JOSE MARIA CASTELLANO

 

Nació en la ciudad de Villa Dolores, Cba., el 2 de febrero de 1924.
En 1945, crea en diario “Democracia” de la ciudad de Villa Dolores una sección Humorísticas denominada “La lechuza”, donde escribió hasta 1955
En 1949 la Universidad Nacional de Córdoba le confiere el titulo de Notario y se registra como Escribano Publico en Villa Dolores. En 1982, se jubila para dedicarse a la literatura.
En 1993 publico su primer libro “Desde Traslasierra: tradiciones, relatos, estampas y una carta”. Hacia 1995, en un concurso de narrativa, la SADE filial Cba., le otorga la Primera Mención. Ha publicado además: En 2000 la novela “Réquiem por el árbol” ; en 2006 “Desde Traslasierra II: El viejo burro... y algo más”;  en 2009 “Poemas de San Javier”

Falleció en septiembre de 2013


30 de enero de 2023

De la soledad, Leopoldo Marechal

  De la soledad
 
     Desatado de guerras,
     oigo cantar mi viento.
Yo recogí mi corazón perdido
sobre la muchedumbre de las aguas.
Yo soy un desertor entre las huestes
      que asaltaron el día.
 
Bellos como las armas relucen mis amigos:
desde los pechos al talón se visten
con el metal de la violencia.
Ellos imponen su color al mundo,
le arrojan la pedrada del boyero
y atizan el ardor de sus caballos,
     para que no se duerma.
 
Como la espada cortan mis amigos:
     bajo su peso tiemblan
     las rodillas del día.
 
Mi corazón no tiene filos de segador:
yo no encendí banderas ni encabrité mi sombra.
No sé lanzarme, recogido y fuerte,
     como la piedra del boyero.
     ¡Ay, negrean los días,
     y es tangible su miel!
Sobre su tiempo bailan mis amigos.
¡Quién supiera bailar sobre las uvas,
     ágil en la dureza,
     bello como las armas!
 
Algo hay en mí que pesa de maduro,
grita su madurez, pide su muerte:
se derrumba, total, como la sombra
     que nace del verdor.
Mi viento desaté sobre mi tierra,
     volvióse contra mí toda mi llama:
podado con mi hierro, nutrido de cenizas
creció mi corazón hasta su otoño.
      ¡Ay, grosura de otoño
      quiere ser mi congoja,
y dispersión de mar enriquecido!
 
Si a mi madura soledad entraras,
amiga, por el puente de las voces,
y pudieras, amigo, sofrenar tu caballo
     debajo de mi sombra,
tal vez el manso día no cayese
     doblando la rodilla
ni el mundo reclamara la piedra del boyero.
(Desierto está el camino de las voces,
     sin freno los caballos.)
 
Una ciudad a mi costado nace:
su infancia es paralela de la mía y retoza
     más allá de mi muerte.
 
Herreros musicales inventan la ciudad,
afirman su riñón, calzan su pie:
¡baila desnuda al son de sus martillos
     la edad de los herreros!
 
Yel corazón de la ciudad se forja
con el puro metal de las mujeres,
y sobre los metales castigados
es bella y sin piedad esta mañana.
 
Pero los niños ríen de espaldas a la tierra
     o en la margen del gozo:
conspiran bajo el sol de los herreros
para que tenga un alma la ciudad.
 
 
Leopoldo Marechal
De "Odas para el hombre y la mujer" 1929

 

29 de enero de 2023

Del hombre, su color, su sonido y su muerte, Leopoldo Marechal


  Del hombre, su color, su sonido y su muerte
 
Nuestros idiomas en guerra
son alabanza del día.
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de nuestra música.
Somos ligeros
y en nuestro baile no se fatiga la tierra;
vamos unidos, alta mazorca de humos.
 
Aventamos palabras
en los caminos de la mujer y del hombre:
y arrecia la mujer igual que un viento.
«Puras conversan las armas
a mediodía —dijimos—:
nunca segaron del todo la mies».
 
Y nuestra sangre al sol
es la rosa más roja...
 
Sonido de hombre, color de hombre,
¡arraiguemos ese poder en el día!
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de nuestro color.
 
Pero decimos al fin:
«Color extranjero somos,
y se ha demorado el pie
junto a la tierra y su baile.
Manos de segador alzaba el tiempo:
somos un humo que busca la patria del humo».
 
Así cantamos al fin,
y es alabanza del día.
 
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse
de nuestra muerte.
 
 
Leopoldo Marechal


28 de enero de 2023

Noche de sábado, Leopoldo Marechal




 
Noche de sábado
 
Las doce campanadas eran doce mochuelos:
Alguien abrió la torre de la jaula y volaron...
¡Igual que un trompo bailará de punta
tu corazón nocturno!
 
Se han aturdido los relojes
En un alcohol de sombra.
Dan traspiés las agujas como veletas desmemoriadas:
Olvidaron los puntos cardinales de tiempo.
 
Historias infantiles:¡perfume de nodrizas!
La noche se ha estrellado con los ojos
de los niños despiertos…
 
¡Alma bruja, tu escoba
relinchará en el aire!
 
Tú sed apresuraba las cosechas más verdes.
En el cinto de grandes cazadoras
haz dejado tu pluma.
Sobre la piel del sueño se duerme tu fatiga.
 
¡Ah, tantos horizontes extraviados omo anillos!
¡tantos días que fueron lentejuelas
pegados a tu traje sin roturas!
Tantos minutos ebrios que giraron
Sobre la flor de los cuadrantes…
 
Alma mía:
sacudiré tu tronco lleno de alas que pesan
y empolvaré tus labios con la sal de otro viaje.
 
El día muerto
tiene los doce puntos suspensivos
de su campana.
 
¡Tuerce tus cañamos de baile,
rueca vertiginosa de la noche más púber!
 
 
Leopoldo Marechal
De "Días como flechas" 1926

27 de enero de 2023

Horóscopo, Leopoldo Marechal

 

       Horóscopo
 
«Es la noche —dijiste— pon tu espejo
debajo de la almohada al acostarte
y en él verás, si sueñas, el reflejo
de la mujer que nunca ha de olvidarte».
 
Llegó la noche al fin. Bajo la almohada,
                        recordándote, amada,
puse el cristal revelador. De suerte
                        que soñé con la muerte.
 
 
Leopoldo Marechal  


26 de enero de 2023

Canto de otras vidas, Leopoldo Marechal


 
   CANTO DE OTRAS VIDAS
 
Silencio,
sangre de campanas muertas
 
Llanto de las casas vacías
que imploran un retorno de niños...
 
Yo sé un canto sin nombre
que fructifica en el silencio.
Una canción de aquellas que soldaban tus párpados
cuando la lámpara florecía
en los aposentos mojados de sombra.
 
Entonces hubo dedos color de reloj
y un perfume de llantos antiguos en la ropa vetusta.
 
(Hay que tirar guijarros musicales
al fondo del silencio:
el silencio responde con su voz de agua muerta).
 
¡Tus manos!
Veo tus manos desgarradas
en cinco tiras de cansancio.
 
¿En qué viejo episodio se gastaron tus dedos?
La vida fue un liviano cascabel en tus ropas
¡y has echado a rodar el juguete del mundo
yo no sé en qué mañana de libro con viñetas!
 
El cántaro vacío de tus ojos
ha mordido la fuente de algún sol en pañales...
 
(Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos).
 
Una mañana tus ojos de Simbad arponearon el sol.
En madera profunda
tallaste el mascarón de un navío fantasma:
un mascarón de gestos petrificados
que mordió la carne frutal de aquel día sin nombre.
 
Entonces un mar sin leyendas
habló de tu origen a dioses color de esponja.
 
Y el viento no había pisoteado todas las distancias.
El viento niño rompió el juguete de tus Cantos
y hacía danzar en sus horcas
a los piratas de tu miedo...
 
¡Quién te dijo una noche que la muerte
sólo un tapiz de sueño era!
 
¡Quién te enseñó una noche de qué modo la vida
se acostaba en sus linos,
como tú, de pequeño,
cuando en los labios de tu madre
nacían llavines de música para tus ojos!
 
Quién te habló de la muerte
y de un retorno en caballos festivos!
 
(Yo sé un canto de abuelas;
el silencio responde...)
 
¡Tus pupilas
—amente fieles a la hoguera
que abrió incurables llagas en la noche de añil!
 
¡Qué vieron tus pupilas? ¿Qué vieron
la barba color hoja seca de los ancianos
t6rax de hombres adustos
hablaban un lenguaje aprendido en la boca del viento?
 
Una voz deshizo el collar de tu nombre,
una voz musical de nodriza recién castigada...
 
¡ Todo está en el silencio!
He ahí tus pasos amigos de una tierra sin edad.
Y la mujer a tu carne ceñida, igual que una ropa de llamas.
Y un amor traslúcido como el reír de los niños
que mataron pichones de alondra junto al Río Dios.
 
Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.
Has roto la ventana de un Olimpo sin risas
y salieron los dioses en pantuflas
esgrimiendo sus rayos de juguete...
 
¡De qué metal será la palabra
que infantilice los labios del mundo!
 
¡Qué harás con tus manos de cinco tiras
en el puente de las noches, cazador sin sueño!
 
Yen el oeste un pájaro se alza:
con el pico enhebrado de música
viene cosiendo el traje de una edad.
 
Leopoldo Marechal

25 de enero de 2023

Edad, Leopoldo Marechal


 

Edad
 
Al rumbo amoroso del viento
se alzaron veletas de hierro.
A la sed amorosa del viento,
árboles de hierro con frutas de hierro.
A los ejércitos del viento,
doble muralla de hierro
Y la paloma de fuego
lloró sobre montes de hierro.
Y el amor del viento
gimió en las arpas de hierro.
Yo busco el oro que viene
sobre llanuras de plata
fundida siete veces.
 

Leopoldo Marechal
De revista Sur. Otoño 1932, Año II, Buenos Aires

 

24 de enero de 2023

El buey, Leopoldo Marechal


 
El buey
 
I
Si el buey cae de rodillas
en el avenal sonoro,
no podrá castigarlo el innoble boyero
ni a tiro de piedra
ni a filo de palabra:
Conduzca su buey al río
todo innoble boyero,
para que corran juntas la paciencia del agua
y la mansedumbre del buey.
 
II
Tremendo en su nobleza el buey se humilla
delante del innoble boyero.
Y su nobleza se llama
nobleza del sexto día.
Tremendo en su hermosura
sigue la fealdad del innoble boyero.
Y su hermosura se nombra
hermosura del sexto día.
Tremendo en su inocencia comparte los castigos
del innoble boyero.
Y su inocencia se llama
inocencia del sexto día.
El buey es terrible y puro,
como nacido de Palabra.
 
III
¡Feliz la tarde, si miró correr
entre sus dos orillas la paciencia del agua
del buey y del boyero!
Prudente segador el que levanta
la carne y el signo del buey:
¡La carne del buey para el hombre
y el signo del buey para el hombre!
 
IV
Bello, como nacido
del amor arquitecto,
y reverente al paso de los días,
el buey atado a su boyero guarda
fidelidad a la Palabra.
Y en signo y carne su sombra
es el imán de la paloma.
Arrodillado sobre las avenas lo miro:
ante sus ojos claros
puede nacer un niño.
 
Leopoldo Marechal

23 de enero de 2023

Perder piso, Cesar Moro


 
Perder piso
 
Desde una página abierta
la inmensidad azul
desata los cabellos
embriagado estoy de tu nombre
en cada ojo las plumas
anclan en alta mar
 
Cesar Moro
De Piedra de los Soles

22 de enero de 2023

Viaje hacia la noche, Cesar Moro


 

Viaje hacia la noche
 
Es mi morada suprema, de la que ya no se vuelve
Krishna, en el Bhagavad Gita

 
Como una madre sostenida por ramas fluviales
De espanto y de luz de origen
Como un caballo esquelético
Radiante de luz crepuscular
Tras el ramaje dense de árboles y árboles de angustia
Lleno de sol el sendero de estrellas marinas
El acopio fulgurante
De datos perdidos en la noche cabal del pasado
Como un jadear eterno si sales a la noche
Al viento calmar pasan los jabalíes
Las hienas hartas de rapiña
Hendido a lo largo el espectáculo muestra
Faces sangrientas de eclipse lunar
El cuerpo en llamarada oscila
Por el tiempo
Sin espacio cambiante
Pues el eterno es el inmóvil
Y todas las piedras arrojadas
Al vendaval a los cuatro puntos cardinales
Vuelven como pájaros señeros
Devorando lagunas de años derruidos
Insondables telarañas de tiempo caído y leñoso
Oquedades herrumbrosas
En el silencio piramidal
Mortecino parpadeante esplendor
Para decirme que aún vivo
Respondiendo por cada poro de mi cuerpo
Al poderío de tu nombre oh poesía
 
Lima, la horrible, 24 de julio o agosto de 1949.
 
Cesar Moro
 

21 de enero de 2023

Cesar Moro, Viaje de la luz


 
Viaje de la luz
 
Os salud apariciones benévolas
remendado sudario de una golondrina
espuma del sueño interrumpido
libertad de los gestos
frío nocturno
arrugas de sombra y peso sobrehumano.
 
Saludo al ciego presentimiento
y tomo sus manos heladas
mueve su lengua
luz baja para el milagro.
 
De antemano ejecuto mis actos en ensueño
cambio de vestimenta me recuesto olvido
y puedo dormir como un condenado
inocente de las grandes maravillas
que desencadena la noche.
 
Cesar Moro
De “Duermo a todos los vientos”

20 de enero de 2023

La leve pisada del demonio nocturno, Cesar Moro

 

La leve pisada del demonio nocturno
 
En el gran contacto del olvido
A ciencia cierta muerto
Tratando de robarte a la realidad
Al ensordecedor rumor de lo real
Levanto una estatua de fango purísimo
De barro de mi sangre
De sombra lúcida de hambre intacto
De jadear interminable
Y te levantas como un astro desconocido
Con tu cabellera de centellas negras
Con tu cuerpo rabioso e indomable
Con tu aliento de piedra húmeda
Con tu cabeza de cristal
Con tus orejas de adormidera
Con tus labios de fanal
Con tu lengua de helecho
Con tu saliva de fluido magnético
Con tus narices de ritmo
Con tus pies de lengua de fuego
Con tus piernas de millares de lágrimas petrificadas
Con tus ojos de salto nocturno
Con tus dientes de tigre
Con tus venas de arco de violín
Con tus dedos de orquesta
Con tus uñas para abrir las entrañas del mundo
Y vaticinar la pérdida del mundo
En las entrañas del alba
Con tus axilas de bosque tibio
Bajo la lluvia de tu sangre
Con tus labios elásticos de planta carnívora
Con tu sombra que intercepta el ruido
Demonio nocturno
Así te levantas para siempre
Pisoteando el mundo que te ignora
Y que ama sin saber tu nombre
Y que gime tras el olor de tu paso
De fuego de azufre de aire de tempestad
De catástrofe intangible y que merma cada día
Esa porción en que se esconden los designios nefastos y la sospecha
que tuerce la boca del tigre      que en las mañanas escupe para
hacer el día
             
Cesar Moro
De "La tortuga ecuestre"


19 de enero de 2023

Hay que llevar los vicios, Cesar Moro

Hay que llevar los vicios
 
Hay que llevar los vicios como un manto real, sin prisa.
Como una aureola que se ignora, que se aparenta no percibir.
 
No existen sino los seres viciosos cuyo contorno no se
esfuma en el barro hialino de la atmósfera.
 
La belleza es un maravilloso vicio de la forma.
 
Y luego ¿qué? Se ha degradado. Se degrada. Se degradará.
 
Mi púrpura real está manchada; como los tigres, animales
con piel y con plumas.
 
Convicción de no decaer, excepto, ay, físicamente. Uno
puede matar si no es a sueldo. Mi ambición es de este mundo
pero no del vuestro.
 
Las trampas que tiende esta época son doblemente
infames. No es todo el no brillar: “con nosotros o contra
nosotros”. Habría que tener mil vidas por día e inmolarlas
diariamente.
Precisamente ese pliegue de nuestra historia me desagrada
soberanamente. Digo nuestra para hacerme comprender,
no para confundirme (para participar en ella)
 
Geo Ostensoir, llamado Royal Splendor.
 
Uno de todo para no tener nada. Siempre para comenzar
de nuevo. Es el costo de la vida maravillosa.
 
La muerte es el término espantoso del sol. El contrato
que debe terminar. Costumbres de propietario.
 
Vuelve a mí fantasma de mis noches. Vuelve a verme
para que yo me encuentre.


 19 de marzo de 1953

 
Cesar Moro
De Últimos poemas (1953-1955)

 

 

18 de enero de 2023

Un camino de tierra en medio de la tierra, Cesar Moro

 


Un camino de tierra en medio de la tierra
 
 
 
Las ramas de luz atónita poblando innumerables veces el
área de tu frente asaltada por olas
Asfaltada de lumbre tejida de pelo tierno y de huellas leves
de fósiles de plantas delicadas
Ignorada del mundo bañando tus ojos y el rostro de lava
verde
 
¡Quién vive! Apenas dormido vuelvo de más lejos a tu
encuentro de tinieblas a paso de chacal mostrándote
caracolas de espuma de cerveza y probables
edificaciones de nácar enfangado
 
Vivir bajo las algas
 
El sueño en la tormenta sirenas como relámpagos y el alba
incierta un camino de tierra en medio de la tierra y nubes
de tierra y tu frente se levanta, como un castillo de nieve y
apaga el alba y el día se enciende y vuelve la noche y
fasces de tu pelo se interponen y azotan el rostro helado
de la noche
 
Para sembrar el mar de luces moribundas
Y que las plantas carnívoras no falten de alimento
 
Y crezcan ojos en las playas
 
Y las selvas despeinadas giman como gaviotas
 
Cesar Moro

 

 


17 de enero de 2023

A vista perdida, Cesar Moro

 

A vista perdida
 
 
No renunciaré jamás al lujo insolente al desenfreno suntuoso
de pelos como fasces finísimas colgadas de cuerdas y de
sables
 
Los paisajes de la saliva inmensos y con pequeños cañones
de plumasfuentes
 
El tornasol violento de la saliva
 
La palabra designando el objeto propuesto por su contrario
 
El árbol como una lamparilla mínima
 
La pérdida de las facultades y la adquisición de la demencia
 
El lenguaje afásico y sus perspectivas embriagadoras
 
La logoclonia el tic la rabia el bostezo interminable
 
La estereotipia el pensamiento prolijo
 
El estupor
 
El estupor de cuentas de cristal
 
El estupor de vaho de cristal de ramas de coral de bronquios
y de plumas
 
El estupor submarino y terso resbalando perlas de fuego
impermeable a la risa como un plumaje de ánade delante
de los ojos
 
El estupor inclinado a la izquierda flameante a la derecha de
columnas de trapo y de humo en el centro detrás de una
escalera vertical sobre un columpio
 
Bocas de dientes de azúcar y lenguas de petróleo
renacientes y moribundas descuelgan coronas sobre
senos opulentos bañados de miel y de racimos ácidos y
variables de saliva
 
El estupor robo de estrellas gallinas limpias labradas en roca
y tierna tierra firme mide la tierra del largo de los ojos.
 
El estupor joven paria de altura afortunada
 
El estupor mujeres dormidas sobre colchones de cáscaras de
fruta coronadas de cadenas finas desnudas
 
El estupor los trenes de la víspera recogiendo los ojos
dispersos en las praderas cuando el tren vuela y el silencio
no puede seguir al tren que tiembla
 
El estupor como ganzúa derribando puertas mentales
desvencijando la mirada de agua y la mirada que se pierde
en lo umbrío de la madera seca Tritones velludos
resguardan una camisa de mujer que duerme desnuda en
el bosque y transita la pradera limitada por procesos
mentales no bien definidos sobrellevando interrogatorios y
respuestas de las piedras desatadas y feroces teniendo
en cuenta el último caballo muerto al nacer el alba de las
ropas íntimas de mi abuela y gruñir mi abuelo de cara a la
pared
 
El estupor las sillas vuelan al encuentro de un tonel vacío
cubierto de yedra pobre vecina del altillo volador pidiendo
el encaje y el desagüe para los lirios de manteleta primaria
mientras una mujer violenta se remanga las faldas y
enseña la imagen de la Virgen acompañada de cerdos
coronados con triple corona y moños bicolores
 
La medianoche se afeita el hombro izquierdo sobre el hombro
derecho crece el pasto pestilente y rico en aglomeraciones
de minúsculos carneros vaticinadores y de vitaminas
pintadas de árboles de fresca sombrilla con caireles y rulos
 
Los miosotis y otros pesados geranios escupen su miseria.
 
El grandioso crepúsculo boreal del pensamiento
esquizofrénico
 
La sublime interpretación delirante de la realidad
No renunciaré jamás al lujo primordial de tus caídas
vertiginosas oh locura de diamante
 
Cesar Moro
 
 


16 de enero de 2023

La vida escandalosa de César Moro, Cesar Moro


 
La vida escandalosa de César Moro

 
Dispérsame en la lluvia o en la humareda de los torrentes que
          pasan
Al margen de la noche en que nos vemos tras el correr de nubes
Que se muestran a los ojos de los amantes que salen
De sus poderosos castillos de torres de sangre y de hielo
Teñir el hielo rasgar el salto de tardíos regresos
 
Mi amigo el Rey me acerca a su tumba real y real
Donde Wagner hace la guardia a la puerta con la fidelidad
Del can royendo el hueso de la gloria
Mientras lluvias intermitentes y divinamente funestas
Corroen el peinado de tranvía aéreo de los hipocampos relapsos
Y homicidas transitando la terraza sublime de las apariciones
En el bosque solemne carnívoro y bituminoso
Donde los raros paseantes se embriagan los ojos abiertos
Debajo de grandes catapultas y cabezas elefantinas de carneros
Suspendidos según el gusto de Babilonia o del Transtévere
El río que corona tu aparición terrestre saliendo de madre
Se precipita furioso como un rayo sobre los vestigios del día
Falaz hacinamiento de medallas de esponjas de arcabuces
Un toro de significativa alegría muerde el seno o cúpula
De un templo que emerge en la luz afrentosa del día en medio
de las ramas podridas y leves de la hecatombe forestal
 
Dispérsame el vuelo de los caballos migratorios
En el aluvión de escorias coronando el volcán longevo del día
En la visión aterradora que persigue al hombre al acercarse la
Hora entre todas pasmosa del mediodía
Cuando las bailarinas hirvientes están a punto de ser decapitadas
Y el hombre palidece en la sospecha pavorosa de la aparición de-
finitiva trayendo entre los dientes el oráculo legible como sigue:
 
Una navaja sobre un caldero atraviesa un cepillo de cerdas
          de dimensión ultrasensible; a la proximidad del día las cerdas se
          alargan hasta tocar el crepúsculo; cuando la noche se acerca las
          cerdas se transforman en una lechería de apariencia modesta y
          campesina.
Sobre la navaja vuela un halcón devorando un enigma en forma de
          condensación de vapor; a veces es un cesto colmado de ojos de
          animales y de cartas de amor llenas con una sola letra; otras veces
          un perro laborioso devora una cabaña iluminada por dentro. La
          oscuridad envolvente puede interpretarse como una ausencia de
          pensamiento provocada por la proximidad invisible de un estanque
          subterráneo habitado por tortugas de primera magnitud.
 
El viento se levanta sobre la tumba real
Luis II de Baviera despierta entre los escombros del mundo
Y sale a visitarme trayendo a través del bosque circundante
Un tigre moribundo
Los árboles vuelven a ser semillas y el bosque desaparece
Y se cubre de niebla rastrera
Miríadas de insectos ahora en libertad ensordecen el aire
Al paso de los dos más hermosos tigre del mundo..
 
Cesar Moro
De "La tortuga ecuestre"

15 de enero de 2023

El olor y la mirada, Cesar Moro

El olor y la mirada
 
 
 
El olor fino solitario de tus axilas
 
Un hacinamiento de coronas de paja y heno fresco cortado
con dedos y asfódelos y piel fresca y golpes lejanos como perlas.
 
Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros y
estrellas de mar y estrellas de cielo bajo la nieve incalculable de tu mirada
 
Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia de
diarios de suicidas húmedos los ojos de tu mirada de pie de madrépora
 
Esponja diurna a medida que el mar escupe ballenas
enfermas y cada escalera rechaza a su viandante como la
bestia apestada que puebla los sueños del viajero
 
Y golpes centelleantes sobre las sienes y la ola que borra las
centellas para dejar sobre el tapiz la eterna cuestión de tu
mirada de objeto muerto tu mirada podrida de flor.
 
Cesar Moro

 
Cesar Moro 
El nombre con el que nació era Alfredo Quíspez-Asín  en Lima, Perú el 19 de agosto​ de 1903 murió el 10 de enero de 1956) fue poeta y pintor autodidacta y surrealista. En su primera obra que fué un dibujo modernista fechado en 1921 firma como "César Moro", seudónimo elegido por él, tomado de una novela de Ramón Gómez de la Serna y con el cual sería conocido en el mundo. Casi toda su obra literaria está escrita en francés, ya que vivió muchos años en Paris. Allí entablaría una estrecha relación  con los popes del surrealismo francés, como André Breton y Paul Éluard.

9 de enero de 2023

Teresa Gómez Atala reflexiones sobre el Bar

 Teresa Gómez Atala reflexiones sobre el Bar

Videopoético del Café Literario del Jueves 08 de Abril de 2010, en La Vieja esquina, Avda San Martin y Edison, Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Cuyo tema fue El Bar y coordino la velada Adrián Salagre.

8 de enero de 2023

Teresa Gómez Atala leyendo a Jose Caribaux, Canción de amor filial y A Magdalena

 Teresa Gómez Atala leyendo a Jose Caribaux, Canción de amor filial y A Magdalena

 

 5ª Maratón de Lectura, 18 de Junio de 2012 organizada y llevada a cabo por el Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento, 9 horas de lectura continua (de 9 a 18 Horas) en donde dieron su apoyo importantes personalidades del medio local, Periodistas, Escritores, Funcionarios Municipales, Judiciales, Docentes, Alumnos de nivel primario, secundario y terciario, Poetas, Público en general, en la sala de arte del Teatro Municipal de la ciudad de Villa Dolores (Mítico lugar de Traslasierra), "Capital de la Poesía", Traslasierra, Córdoba, Argentina.

7 de enero de 2023

Alabanza, Teresa Gómez Atala


 ALABANZA
 
 
Me gusta
dialogar con el silencio
en las horas de quietud
antes del alba.
Desovillar enigmas
hallar respuestas
encendidas
en la luz de Tu palabra.
Luego regresar
como los pájaros
elevando un canto de alabanza.
Porque estoy viva
Padre mío
y Tu me amas.
 
 
Teresa Gómez Atala

 

6 de enero de 2023

Identidad de cántaro, Teresa Gómez Atala


 

IDENTIDAD DE CÁNTARO
 
En el cántaro de la galería
abrevaba su sed el viento.
La abuela traía desde la vertiente
vasijas cargadas
de agua con sabor a menta,
brisas y pájaros,
cielos con nubes errantes
para guardar en el cántaro
Pero el viento
tenía sed de caminos   
y ella se fue una tarde de enero.
Yo, que soy aire que busca la altura
me quedé juntando
ausencias, distancias y palabras
para guardar en el cántaro.

En horas que la soledad acosa
me gusta sumergirme
en las profundidades del tiempo,
allí donde moran las cosas que se aman.
Cuando regrese el viento
y tenga que irme
me pregunto
quién heredará
la identidad de cántaro.   

 
Teresa Gómez Atala
 

 

2 de enero de 2023

Embrujo, Teresa Gómez Atala

 

EMBRUJO
 
Bajo el embrujo de la tarde
camino un tiempo
de hojas amarillas.
Todo parece deserto.
Aun así,
la memoria recobra
los almendros florecidos,
los pájaros del huerto
y tu amor
mariposa que tiembla
entre mis manos
como una hoja
sostenida por el viento.
 
Teresa Gómez Atala


1 de enero de 2023

Mariana, Teresa Gómez Atala


 
MARIANA

 
Con cuatro lunas
circulando en tu cintura
Mariana
plantaba los almendros.
 
Cuando florezcan
ella andará
por avenidas perfumadas
llevando
el universo
entre sus brazos.

 
Teresa Gómez Atala

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