21 de junio de 2026

Lo reconocí en el silencio

 

Se cuenta una escena deliciosa de Jorge Luis Borges —recogida por Javier Cercas en un artículo dominical de “El País”— ocurrida en Sevilla, en 1984. Allí, Borges recibió la visita de Ítalo Calvino y su esposa, Chichita, argentina y amiga de años.

Como suele pasar entre porteños, la conversación se encendió de inmediato entre ellos, dejando a Calvino en un segundo plano, casi borrado por el entusiasmo compartido. En un momento, Chichita interrumpió:

—Georgi, Ítalo también está aquí.

Borges respondió, tranquila:

—Sí, lo he notado.

Sorprendida, ella insistió:

—¿Cómo, si no ha dicho una sola palabra?

Y Borges, con esa precisión que parecía una forma de ironía:

—Justamente por eso: lo reconocí en el silencio.

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