El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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octubre 20, 2016

Lluvia oblicua, Fernando Pessoa. Traducción de Rodolfo Alonso

Lluvia oblicua, Fernando Pessoa. Traducción de Rodolfo Alonso

I

Atraviesa este paisaje mi sueño de un puerto infinito
Y el color de las flores se transparenta en las velas de
 grandes navíos
Que abandonan el muelle arrastrando en las aguas como
 sombra
Los bultos al sol de aquellos árboles antiguos...

 El puerto que sueño es sombrío y pálido
Y este paisaje está lleno de sol por este lado...
Pero en mi espíritu el sol de este día es puerto sombrío
Y los navíos que salen del puerto son estos árboles al sol...

Doblemente libre, me abandoné paisaje abajo...
El bulto del muelle es el camino nítido y calmo
Que se levanta y se yergue como un muro,
Y los navíos atraviesan los troncos de los árboles
Con una horizontalidad vertical,
Y dejan caer amarras dentro de las hojas...
No sé quién me sueño...
de pronto todo el agua de mar del puerto es transparente
Y veo en el fondo, como una estampa enorme que
           estuviese allí desdoblada,
Este pasaje todo, hilera de árbol, camino ardiendo en
          aquel puerto,
Y la sombra de una nave más antigua que el puerto
          que pasa
Entre mi sueño del puerto y mi ver este paisaje,
Y llega hasta mis pies, y entra dentro de mí,
Y pasa hasta el otro lado de mi alma...

 
II

Ilumínase la iglesia por dentro con la lluvia de este día
Y cada vela que se enciende es más lluvia golpeando en
            los vidrios...

 Me alegra oír la lluvia porque ella es el cuerpo
            encendido,
Y los vidrios de la iglesia vistos desde fuera son el sonido
            de la lluvia oído por dentro...

 El esplendor del altar mayor es el yo no poder casi ver
            los montes
A través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel
            del altar...

Suena el canto del coro, latín y viento sacudiendo los
               vidrios,
Y se oye rechinar el agua a causa de haber coro...

La misa es un automóvil que pasa
A través de los fieles que se arrodillan en hoy ser un día
               triste...
Súbito viento sacude en esplendor mayor
La fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia lo absorbe
               todo
Hasta oírse sólo la voz del padre que se pierde a lo
              lejos
Con el sonido de ruedas de automóvil...

Y se apagan las luces de la iglesia
En la lluvia que cesa...

III

La Gran Esfinge de Egipto sueña dentro de este papel...
Escribo, y ella se me aparece a través de mi mano
             transparente
Y al borde del papel se yerguen las pirámides...

Escribo, me perturba ver que el pico de mi pluma
Es el perfil del rey Keops...
De pronto me detengo...
Se oscureció todo... Caigo por un abismo hecho de
                     tiempo...
Estoy enterrado bajo las pirámides escribiendo versos a
                     la luz clara de este candelero,
Y todo el Egipto me aplasta desde lo alto a través de los
                     rasgos que trazo con mi pluma...
Oigo a la Esfinge que se ríe por dentro
Del sonido de mi pluma al correr en el papel...
Atraviesa el que yo no pueda verle una mano enorme,
Lo barre todo hacia el borde del techo que queda detrás
                       de mí,
Y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que
                       escribe,
Yace el cadáver del rey Keops, mirándome con ojos muy
                       abiertos,
Y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo
Y una alegría de barcos embanderados vaga
En una diagonal difusa
Entre yo y lo que pienso...

¡Funerales del rey Keops en oro viejo y Yo!...

 
IV

¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!
Las paredes están en Andalucía...
Hay danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...
De repente todo el espacio se detiene...,
Se detiene, resbala, se desata...,
Y en un rincón del techo, mucho más lejos de lo que
              está,
Manos blancas abren ventanas secretas
Y hay ramos de violetas cayendo
Por haber una noche de primavera allá fuera
Sobre este estar y con los ojos cerrados...

 
V

Allá fuera anda un remolino de sol en los caballos del
                 carrusel...
Árboles, piedras, montes, bailan parados dentro de mí...
Noche absoluta en la feria iluminada, plenilunio en el
               día de sol allá fuera,
Y las luces todas del mercado hacen ruidos en los muros de
               la quinta...
Pandillas de muchachas con cántaros en la cabeza
Que pasan allá fuera, plenas de estar bajo el sol,
Se cruzan con grandes grupos pegadizos de gente que
                 anda en la feria,
Gente toda mezclada con las luces de las barracas, con la
                 noche y con la luna,
Y los dos grupos se encuentran y se penetran
Hasta formar sólo uno que es los dos...
La feria y las luces de la feria y la gente que anda en la
                  feria,
Y la noche que da en la feria y la levanta en el aire,
Andan por encima de las copas de los árboles llenos de
                  sol,
Andan visiblemente por debajo de los peñascos que
                 relucen al sol,
Aparecen del otro lado de los cántaros que las
                 muchachas llevan en la cabeza,
Y todo este paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
Y toda la feria con ruidos y luces es el suelo de este día
                 de sol...

 De repente alguien sacude esta hora doble como en un
                 tamiz
Y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
Sobre mis manos llenas de dibujos de puertos
Con grandes naves que se van y no piensan en volver...
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que
                     abandona la feria,
Sola y contenta como el día de hoy...

 
VI

El maestro sacude la batuta
Y lánguida y triste la música empieza...
Me recuerda mi infancia, aquel día
En que yo jugaba al pie del muro de una quinta
Arrojándole una pelota que tenía de un lado
El deslizar de un perro verde, y del otro lado
Un caballo azul que corría con un jockey amarillo...

Prosigue la música, y estás en mi infancia
De repente entro yo y el maestro, muro blanco,
Va y viene la pelota, ora un perro verde,
Ora un caballo azul con un jockey amarillo...

Todo el teatro es mi quinta, mi infancia
Está en todos los lugares, y la pelota viene a tocar
             música,
Una música triste y vaga que pasea por mi quinta
Vestida de perro verde que se vuelve jockey amarillo...
(Tan rápida gira la pelota entre los músicos y yo...)

La arrojo de vuelta a mi infancia y ella
Atraviesa el teatro todo que está a mis pies
Saltando con un jockey amarillo y un perro verde
Y un caballo azul que aparece por encima del muro
De mi quinta... Y la música arroja pelotas
A mi infancia... Y el muro de la quinta está hecho de
              movimientos
De batuta y rotaciones confusas de perros verdes
Y caballos azules y jockeys amarillos...
Todo el teatro es un muro blanco de música
Por donde un perro verde corre detrás de mi nostalgia
De mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...

Y de un lado para otro, de derecha a izquierda,
Donde hay árboles y entre las ramas, al pie de la copa,
Con orquestas que tocan música,
Donde hay filas de pelotas en la tienda donde las
            compré
Y el hombre de la tienda sonríe entre los recuerdos de
            mi infancia...

Y la música cesa como un muro que se derrumba,
La pelota rueda por el despeñadero de mis sueños
            interrumpidos,
Y de lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey
              amarillo que se vuelve oscuro,
Da las gracias, posando la batuta encima de la fuga de
             un muro,
Y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca encima
             de la cabeza,
Pelota blanca que le desaparece por las costillas abajo.


Fernando Pessoa, Traducción de Rodolfo Alonso

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