El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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diciembre 19, 2016

È specialmente nel pianto, Leandro Calle


È specialmente nel pianto
                                                                 che l’anima manifesta
                                                                la sua presenza
                                                                               VALERIO MAGRELLI


Se desliza por su propio peso
gravidez del dolor
tonsura líquida del ojo
y en su caer,
levanta nubarrones,
afloja el cuerpo.
Alguien estruja el alma
cuando las lágrimas.


Leandro Calle de Noche extranjera, Ediciones del Copista 2007. Colección Fénix Nº 41 Dirigida por Pablo Anadón


diciembre 18, 2016

Nif de Leandro Calle por Jose Luis Colombini

Nif

Mi padre arrancó la cortina
la arrancó como quien caza una mosca en el aire.
Decidido cruzó el patio.
Cruzó toda la noche con la linterna a cuestas.
Buscó la pala y comenzó a cavar un pozo
un pozo en medio de la noche.
Yo lloraba de pie
y en la cortina celeste que nos salvaba del verano
estaba Nif sin vida
con su collar de choclo ahuyentando el moquillo.
Mi padre me abrazó. Ya no recuerdo.
Pero prefiero pensar que ante la muerte
que vestida de perro me mostró sus frías credenciales
mi padre me abrazó toda esa noche
y su calor me abraza todavia
como el collar de choclo en el cuello de Nif
que no lo abandonó ni hasta en la muerte.



Leandro Calle


Nif de Leandro Calle por Jose Luis Colombini
Video del Café Literario del Jueves 26 de agosto de 2010, en La Vieja Esquina, Avda San Martín y Edison, Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Cuyo tema fue El perro y coordino la velada Jose Luis Colombini.


diciembre 17, 2016

Sur, Leandro Calle

SUR

En realidad, nunca te sacaste esa tierra de los pies del alma
Juan Gelman

Voy a quedarme acá
para masticar un verso amargo
que me devuelva las entrañas limpias.
Voy a quedarme acá
en el sur de todo corazón
en aquella parte baja donde las aguas suben
inundadas de tanto charco que anda por el suelo.
Voy a quedarme acá sosteniendo una lágrima
la lágrima de todos
hasta caer con ella en la garganta del sol.
Voy a quedarme acá, acá en el sur
para que tengan que buscarme
para que tengan que volver
para que tengan que encontrarme
para que no me funden otra vez la patria

arrojando cadáveres.

Leandro Calle


diciembre 16, 2016

Pasan las nubes como navíos, Leandro Calle

Pasan las nubes como navíos
pasan las nubes libres y revueltas.
La dicha de ser empujados por la dicha.
El viento oscuro
la luz lentísima
la solidez del agua.



Leandro Calle de Entonces . Alción Editora (2010)

diciembre 15, 2016

Todo despertó en la palidez brillante de la flor, Leandro Calle

Todo despertó en la palidez brillante de la flor.
Bostezo de la luz
titilar de las hojas y las ramas
un zumbido de abejas
(estuviste siempre ahí)
brillante oscuridad
hueso en llamas
como abriéndose la noche
hacia un palor de espuma.



Leandro Calle de Noche extranjera, Ediciones del Copista 2007. Colección Fénix Nº 41 Dirigida por Pablo Anadón

diciembre 14, 2016

Anunciación del fuego, Leandro Calle

Anunciación del fuego

...como si la zarza hubiera vuelto
a arder sólo para él...
George Steiner

      I
Cosido con un hilo de fuego
yace en la piedra
un Prometeo inmóvil.

Cuando los hombres
decidieron enfrentar la madera a la madera
frotándola, taladrando y perforando,
los dioses adoraron a los hombres.
Una copulación inconsciente nacía de su carne etérea
y el resultado fue una llama tenue
comunicándose de aldea en aldea.
Los hombres celebraron esta fiesta celeste
y los dioses vejados se libraron al sueño
de copular al capricho de los hombres.
La carne cansada de la carne
sugirió la pregunta
y todo se apagó sobre la tierra.

Cosido con un hilo de fuego
yace en la piedra
un Prometeo inmóvil.

Sin embargo los hombres
supieron la manía
de masturbar los dioses
para ganar el fuego
y en las noches de luna
o de frío silente
el rito taumaturgo
persistió entre las cuevas:
la madera enfrentando la madera
para ganar la llama.

      II
Hierve el tiempo en su cáscara de fuego.
Cuando la tierra exprime sus grietas palpitantes
bocanadas de auxilio rechazan las cadenas
las cadenas de barro que el buen Dios puso un día
como corteza eterna
como pura vasija
del látigo quemante
que duerme y despierta en lo hondo
en lo oscuro
en el centro
de la piel alfarera.

Como un panal partido
desagua el fuego a veces.
Cáscara del tiempo.

      III
No hay humo
sólo la brasa sola
teje en silencio
su callar ardiente.

      IV
Cuece el monje con cenizas su manjar.
¿A qué sabe la muerte?
A desazón.
La ceniza anuncia el triunfo de los muertos.

      V
¡Fuego!
La palabra explotó en los oídos del fusilado.
Fue el silbido de las balas
que dieron a los vendados ojos
la imagen veloz de un puñado de plomos.
Mordeduras en el aire.
También la boca del fusil
creó la nube necesaria
para no ver el cuerpo
cayendo lentamente.
¡Fuego!
Y no se escuchó más.
Se quemaba en la boca la última palabra.

       VI
¿Arde la zarza todavía?
Todo arbusto es una llama verde
Tal vez era la tarde
calentando las piedras.

      VII
Crece como la piel del cilicio
mordiendo débilmente la carne del alma.
Imperceptible fuego en las entrañas.
Pequeña batalla en los rincones del cuerpo.
Crece como un punzón que busca la muerte.

Cuando las yemas de los dedos destilan fuego
cuando alumbran
cuando los huesos arden
cuando el aliento es un hueco de humo
cuando se apagan todos los nombres
la quemadura es un niño abandonado.
¡Cómo se quema la ausencia en el papel mojado!
Cenizas del futuro.

      VIII
No era el fuego
sino una pequeña  tibieza
que empezaba por tu piel.
Mis ojos anidaban en las cúpulas tristes
y mi sed de canales
mis pies cansados de tanta tierra en el alma
y mis manos otoñales
y todo comenzaba por tu piel extraña.
No, no era el fuego
era una pequeña tibieza
que comenzaba en tus brazos.
Un par de relámpagos tus labios
un par de relámpagos dormidos.

      IX
Una esquina en París
una esquina como cualquier otra
un poco más cerca o más lejos de la gare de Montparnasse.
Caminabas.
En la esquina te disparé la sed que me quedaba.
Caminamos.
Conservamos el fuego sin tocarnos.
Volví sobre mis pasos
con un adiós encendido en tus mejillas.
Guardamos nuestro fuego protegiendo el pie desnudo.
Nunca supe tu nombre.
Aquella esquina se enciende todavía
y crepita en la memoria
la gare de Montparnasse a mis espaldas.

      X
Alargan mi sombra los faroles del río.

      XI
En carne viva
cómo hierve tu piel
la recorro con el inmóvil motor del tacto.

      XII
Toda la tierra es fuego.
¿Arde la zarza todavía?

Oxidada llama en la memoria
que crepita al compás
de alucinaciones y tormentas.
Oxidada llama la del tiempo
cosida a la memoria
con un hilo de tierra.


¿Arde la zarza todavía?

Leandro Calle


diciembre 13, 2016

Falsa mordaza la del corazón, Leandro Calle

Falsa mordaza la del corazón
que al fin y al cabo siempre habla.
Tú voz arde cuando llega el silencio.


Leandro Calle de Entonces . Alción Editora (2010)