El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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julio 03, 2017

La noche y la mujer, Juan L. Ortiz


LA  NOCHE Y LA MUJER

¿Dónde empieza la una y termina la otra?

Flor
de la noche
hecha sólo
de resplandores,
pero brotada
de un suave secreto
del cosmos.

Con su más pura
vida
es forma de la sombra
que mira
y abre
blancas sonrisas.

Loca la noche de la ciudad la quema en reflejos
¿Se muere en el día como una joya?

La noche de los árboles la entiende.
Y la calle iluminada
fija en ella su más viva y delicada pasión.


Juan L. Ortiz De El alba sube. . . (1933-1936)

julio 02, 2017

En el dorado milagro... Juan L. Ortiz


EN EL DORADO MILAGRO. . .

En el dorado milagro de la tarde, en el último momento transparente de la tarde, pronto a florecer del cielo jardines que caen, caen, oh, cómo juegan los niños, en la calle verde,  verde, con espejos encantados.
Los niños, oh, cómo juegan.
Cómo la risa remonta
sobre el hambre, sobre el hambre.
Ah,  cómo juegan los niños
al borde de los vacíos
de oro pálido, con nubes
de blancor último,  nubes.
Ah, cómo juegan los niños, olvido que canta en torno de los espejos, y danza como tallos en la brisa. Oh, la pureza profunda de la alegría de ellos, de ellos que ya algo saben, no, que saben demasiado.
Demasiado saben, pero
aún ignoran
la pesadilla cortada
de metralla y muerte súbita
—sorpresa terrible de ángeles
despertados en el fuego
y la sangre—,
de  sus  hermanos  lejanos
de las ciudades de España.
Aún  ignoran,  aún  ignoran. Danzad,  corred,  oh  alegría efímera sobre el hambre, sobre la angustia nocturna, sobré la fatiga diaria, sobre el pertinaz  asombro,
en el dorado  relámpago de la tarde con espejos.
Gracias por la fuerza pura,
qué fuerza, oh hombres, qué fuerza
del íntimo surtidor
que abre rosas de alegría
en torno de los espejos,
de los  espejos  con nubes,
bajo el cielo pronto a abrir
jardines que caen, caen...

Juan L. Ortiz De El ángel inclinado (1937)


julio 01, 2017

Si, las rosas, Juan L. Ortiz

SI, LAS ROSAS...

Sí, las rosas
y el canto de los pájaros.
Toda la hermosura del mundo,
y la nobleza del hombre,
y el encanto y la fuerza del espíritu.
Sí, la gracia de la primavera,
las sorpresas del cielo y de la mujer.
¿Pero la hondura negra, el agujero negro,
obsesionantes ?

Sí, Dios, lo divino,
a través de la rosa y del rocío,
y del cielo móvil de unos ojos,
pero el vacío negro, el horror vago y permanente de la
[sombra ?

Sí, muchachas en la tarde,
niños en los jardines,
paisajes que suenan como melodías perfectas,
versos de Rilke o de Brooke,
entusiasmo generoso de las jóvenes almas
capaz de cambiar el mundo,
belleza del sacrificio y del ideal,
y el amor, y el hijo, y la amistad,
¿pero el vacío negro, el escalofrío intermitente del abismo?


Juan L. Ortiz De El alba sube. . . (1933-1936)

junio 30, 2017

Noche, Juan L. Ortiz

NOCHE

Noche, noche.
Abismo  de la dicha
cortada
de escalofríos,
de inquietudes.
El día es un correr por la ribera ardiente.
¿Pero el agua de la sombra,
feérica,
nos calma la sed?

El hálito de Dios los follajes eleva
en un anhelo lleno de susurros.

Noche de luna otoñal.
¿Estamos en el mundo?
¿Este río es el río
o es una cinta de sueño que se va hacia la muerte,
a la vida profunda del sueño de la esencia?

Misterios antiguos vagan en las orillas.
Memorias fantásticas se azulan en los claros.

La noche suena cristalinamente.
La pureza de la noche se afina hasta quebrarse
en delgadas rupturas
de agua, ranas y grillos,
y luego se hace melodía
que al fin se destila
en gotas perdidas
de esquila.

¡Oh tenderse a la sombra
de este eucaliptus!
Que el sueño entre en nosotros traído por los grillos.
Despertarse en el límite de la noche y el alba,
en el minuto en que la luna está tan sola
que llama a los ángeles.



Juan L. Ortiz De El agua y la noche (1924-1932) (1933)

junio 29, 2017

Tarde, Juan L. Ortiz

TARDE


El mundo  es  un pensamiento
realizado de la luz.
Un  pensamiento  dichoso.
De la beatitud, el mundo
ha brotado. Ha salido
del éxtasis, de la dicha,
llenos  de  sí,   esta  tarde,
infinita, infinita,
con árboles y con pájaros
de infancia ¿de qué infancia?
¿de qué sueño de infancia?


Juan L. Ortiz De El agua y la noche (1924-1932) (1933)

junio 28, 2017

Momento, Juan L. Ortiz

MOMENTO

El jardín llovido
eleva hacia las tímidas sonrisas azules
la mirada de sus rosas.
Ruptura cristalina del alado llamamiento
a la luz.
Pesado de delicia el jardín con sus árboles
se pierde en sus esencias.
Pero viene la brisa
y es una infancia de hojas y de flores danzando.

El canto de los pájaros a la danza se ciñe.

Juan L. Ortiz De El alba sube. . . (1933-1936) 1937

junio 27, 2017

Invierno, Juan L. Ortiz


Invierno


—El viento llora, padre...
—Sí, alaridos como de vidrio…
—Sin nadie, padre...
—¿Igual que caminos, solos, de piedra?
—¡Entro en el viento, ay, padre, cómo silba!
—¿Dónde terminarán los silbidos, dónde?
—¿Es otro padre el viento, ay, fuerte, que me lleva
a sus arenas amarillas, hundidas?
—Hundidas en una ausencia demasiado larga
y lastimada...
—¿Y qué es la ausencia, padre?
—El viento es un alma, hijo, desesperada...
—Desesperada, de qué?
—Desesperada de... aire sin fin... y de...
—¿De qué más?
—De fuga...
—Estoy vacío, padre, y a la vez en esos gritos...
—Las islas gritan también, oyes?
—¿Tienen alma también las islas, padre?
—Cuando hay mucha agua, ellas vuelan
y llenan toda la noche, ay, de heridas…
—Pero al río, mira, al río le han salido mariposas…
—Flores del viento...
—¿Pero el viento, verdad, traerá otras flores?
—Ay, él casi siempre las deshace, o son pálidas...
—¿Pero no alzará al fin la tierra verde?
—Y agitará banderas sobre los pájaros, sí,
mientras las islas se irán haciendo de cristal...


Juan L. Ortiz De El alma y las colinas - 1956

abril 11, 2016

El pueblo bajo las nubes... Juan L. Ortiz

El pueblo bajo las nubes...

Duerme el pueblo. ¿Es ello cierto bajo esta luz casi nevada de un jardín algodonoso que flota, se abre, y ciérrase sobre las calles solas en una fantasía toda infantil de pura?Yo sé, oh, que las cosas, sólo las cosas, sólo, se iluminan en esta irradiación alada y  candida—  Grandes  cisnes  efímeros sobre un sueño de cal y de follajes?



Juan L. Ortiz 
De El ángel inclinado (1937)

abril 10, 2016

Domingo, Juan L. Ortiz

Domingo

El sol y el viento, solos, sobre el pueblo.
Alegría de cal, de callejones últimos
entre un pudor de ramas,
por donde mis paseados, lentos días
salían a suaves campos.
Vecino era del agua y de la luz.

Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,
gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.


Juan L. Ortiz

abril 09, 2016

Señor, Juan L. Ortiz

Señor...

                                            He sido, tal vez, una rama de árbol,
                                            una   sombra  de pájaro,
                                            el reflejo de un río...

Señor,
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.

Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,
abierta  y  pura  como  el  cielo  el  alma.

Juan L. Ortiz 

De El agua y la noche

abril 08, 2016

El río tiene esta mañana, Juan L. Ortiz

El río tiene esta mañana, amigos,
una fisonomía cambiante, móvil,
en su amor con el cielo melodioso de otoño.
Como una fisonomía dichosa cambia, como  una  fisonomía  sensible,  sensitiva.
Orillas. Isla de enfrente.
Cómo danzaría la alegría allí,
cómo danzaría,
ebria de ritmo ante las formas de las nubes,
de las ramas, de la gracia de los follajes
penetrados de cielo pálido y dichoso!
¡Cómo danzaría la alegría allí! Orillas.
Una mujer que va hacia una canoa.
Hombres  del  lado  opuesto  que  cargan  la  suya.
Los gestos de los hombres y el paso de la mujer
y el canto de los pájaros se acuerdan
con el agua y el cielo en un secreto ritmo.
Un momento de olvido musical, un momento. 
Un momento  de  olvido  para  nosotros,  claro.



Juan L. Ortiz 
De El ángel inclinado (1937)

abril 07, 2016

José Luis Colombini leyendo Luna vaga disuelta y Fuí al río de Juan L. Ortiz

José Luis Colombini leyendo Luna vaga disuelta y Fuí al río de Juan L. Ortiz
Vide del Café Literario del Jueves 07 de Mayo de 2009, en Big Pancho, Sarmiento 269, Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Cuyo tema fue EL RÍO y coordino la velada MIGUEL ANGEL ORTIZ.

LUNA VAGA, DISUELTA ... de El agua y la noche (1924-1932)

Luna vaga, disuelta.
¡Oh, dulzura del río:
palidez profunda
velada de un presentimiento de alba
en la noche aún tierna!
Dulzura que arde
de un rumor numeroso
que la brisa delgada, llena de sueño ya,
quiere apagar en vano,
pues de pronto se exalta, aguda, en ese canto
de pájaro:
gorgoteo
de agua pura y sola
en el fondo agreste de la noche.
Orilla que se va
o se queda. Se queda
mirándonos con gesto simple, pero
lleno de musicales sortilegios.

Orilla medio desnuda,
sin casi árboles,
y que piérdese en un antiguo cielo de maravilla.
Dulzura agreste, eterna, de las noches
frente al escalofrío sucesivo de las almas!

Juan L Ortiz


***********************

FUI AL RIO... Juan L Ortiz de El angel inclinado (1937)

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?—
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el rio en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mi.

Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

abril 06, 2016

Siesta, Juan L. Ortiz

Siesta

Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo
La tierra parece que
tiene suavidad de falda.
El cielo puro de agua
da con su vaga corriente
unas espumas de nubes
y sobre el cielo, el follaje
un traslúcido bordado
hace y deshace, indeciso,
reduciendo el lujo etéreo
a un temblor de monedas
que me enriquecen la sombra.
El viento entra en el sueño
como una música que
trae el anhelo del campo,
ya extático o vagabundo,
soñando con sus secretos,
o tendido al horizonte.
El viento dice el ensueño
de esta paz verde y fluida
bajo su respiración.
Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo

Juan L Ortiz

De El agua y la noche

abril 05, 2016

Deja las letras ... Juan L. Ortiz

Deja las letras ...


Deja las letras y deja la ciudad...
Vamos a buscar, amigo, a la virgen del aire...
Yo sé que nos espera tras de aquellas colinas
en la azucena del azul...
Yo quiero ser, amigo,
uno, el más mínimo, de sus sentimientos de cristal…
o mejor, uno, el más ligero, de sus latidos de perfume…
No estás tú también
un poco sucio de letras y un poco sucio de ciudad?

Sigue, sigue, por entre la bencina, sobre la lisa pesadilla
de las calles extremas, hacia la gracia de las huellas...
Ay, la ternura de Octubre, a las nueve,
ya hace, por aquí, flotar a la pesadilla
en celeste de agua...
Pero derivemos rápido, del lado de los caminos del rocío,
invisible, casi, lo adivino, en el seno mismo de la luz...
Sentémonos, mi amigo, entre estas niñas rubias
que suben y bajan, altas, por unas orillas de jardín,
apoyadas, contra los cercos, sobre un rumor de enredaderas...
El sol ha bebido sus propias perlas
y hay apenas de ellas una memoria por secarse...
No temas, no temas, y mira, mira hasta las islas...
Viste alguna vez la melodía de los brillos?
La viste ondular, todavía de gasa,
desde tus pies al cielo, sobre el río?
Oh, la misma ciudad, a lo lejos, es una música blanca
con unos silencios amatistas...
Y ahora, ahora, torna la vista alrededor…
Saluda como un aura a estas humildes gracias de miel,
capaces, sin embargo, de atraer hacia sí
a las abejas todas del día
y de volver de margaritas a la melancolía más flotante…
No las sientes curvarse bajo un amor transparente
en un hálito de alas?
O es sólo la cortesía más misteriosa
entre esa que inclina, alternadamente, a los otros finos tallos,
ante algo que al parecer es la respiración de un dios?
Saluda, también, a sus vecinas menos subidas y más pálidas:
qué delicadísimo sueño de amapolillas más pálidas,
sobre un rastreo de tases, serpentino?
Y a las apenas malvas, medio escondidas entre las espiguitas:
pétalos de alba, a su pesar, con sus secretos amarillos...
Y a las apenas níveas, por bordadas, del país de Liliput,
pero que visten, igual que a una novia, a toda la gramilla...
Y ah, a las más sin nombre que se van
con los alambres libres
en una fuga preciosa de piedritas...
Y al trébol de allí, loco de verde, y miniado de sol,
increiblemente miniado de sol en primores casi íntimos
pero que extenúan a la brisa...
Y a las verbenillas, por cierto, de aquí:
oh, la más dulce sangre labrada por los misterios
para los misterios de las hierbas.. .
Y a estos emblemas de llama, perdidos de los trigos
mas que blasonan, del mismo modo, todo el aire...
Y a esos recuerdos de la luna,
aparecidos de seda, ay, en una vigilia de espejo
que se busca, a su vez, en su infinito todavía…
Pero no olvidemos, mi amigo,
a las esbeltas criaturas que arden el azul, allá,
delante no se sabe qué sacramento etéreo:
no olvidemos, mi amigo, a las criaturas de los cardos...
Ni olvidemos a aquéllas que ya parecen abisales
con su “pasión” de cielo sobre el susurro trepador:
rêveries de qué abismo hacia otro abismo las de mburucuyá?
Y no habremos comprendido, es cierto, a todas. ..
Cómo abrazar, mi amigo, a estas miríadas del beso
que van estrellando, se diría, todos los minutos
con todos los pétalos y todos los fuegos del suspiro?

Y si nos corriéramos hasta el arroyito del otro lado de la loma?
Allí, lo veo, las redes hondas sin bautizo
con su penumbra colgada y su casi vía láctea de jazmines
sobre una huida de vidrios, poco menos que nocturna,
con las navecillas de cita. ..
Y los laberintos de los taludes, aún con su sin fin
de pequeñísimas miradas en los iris más inéditos,
dando no sé qué números de no sé qué otra noche
o qué mareo de gemas entre unos miedos de crepúsculo…

Mas no oyes al silencio, ahora, mi amigo?
Qué ave de diamante, di, sobre la línea del sueño,
se deshace dulcemente?
O qué llamado para el sacrificio, di
de campanillas de humo?
Oh, todo dorado de misivas sobre las alas del azar
es el mismo amor que no teme perderse
como la propia gracia ya, libre, sobre su propio cielo de
corolas…
Y no oyes en este momento, di, al silencio o al amor más allá
de las lianas que tejiera para vencer su abismo,
asumiendo justamente la muerte con los modos de un espíritu?
Sí, en los amantes invisibles está asimismo la otra flor
o el otro lado de esa flor,
llama, serena llama, que viviría de su sombra...
Dónde, entonces, aquí, nuestras debilidades hechas dioses?
Aquí, lo que llamamos “horror”, o lo que llamamos
“amenaza”,
sonriendo desde la semilla, se diría,
o equilibrando a las mariposas, si quieres,
con un frío que nos duele, es cierto, en lo uno de la sangre...
Pero aquí también enfrentando a lo innombrable,
algo como los honores de un ángel...

Mas es en nosotros, mi amigo, que la agonía es dividida,
terriblemente dividida, y expedida a la ventura...
Y aquella música blanca con unos silencios de jacarandaes?
Allí y aquí, a la vez, la condena “de la rueda”,
desde las madres del río y desde las madres de las zanjas...

Y aquí, ay, asimismo, lo que vinimos a buscar..
Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?
Hay que perder a veces “la ciudad” y hay que perder a veces
“las letras”
para reencontrarlas sobre el vértigo, más puras
en las relaciones de los orígenes...
O más ligeras, si prefieres, como en ese domingo
y en esa fantasía que serán...
Hay que perder los vestidos y hay que perder la misma identidad
para que el poema, deseablemente anónimo,
siga a la florecilla que no firma, no, su perfección
en la armonía que la excede...
O para ser el arpa de Lungmen
eligiendo ella sola los temas de su música,
lejos de los tañedores que se cantan a sí mismos
o que no oyen con los suyos a los recuerdos de las ramas
ni lo que dice el viento…
ni menos ven lo que el viento, por ahí, pone de pie. ..
Y aquí, además, las rimas entre los escalofríos de las briznas,
con los hilos temblando, siempre más allá de nuestra luz..
Y el rostro de Ella no escrito,
oh, recién nacido, con unos signos por hallar
y que serán, oh amigo, los que han de llevarte hasta su esencia
como las mismas, las mismas letras de tu alma...
Pero la viste a Ella,
amaneciendo aquí, Ella, de la espuma de las matas,
Venus de las colinas. Ella, sobre un flujo de jardín,
virgen profunda ésta toda aún de cabellos?


Juan L Ortiz

junio 28, 2015

Río rosado aún en la noche y Estas primeras tardes de primavera, Juan L. Ortiz

Río rosado aún en la noche

Río rosado aún en la noche,
a ras con las orillas, pálido entre las sombras.
La luna quiere guiarte o encantarte
esforzándose por mostrarte
los países aún no marchitos del ocaso.
Tú aún los recoges,
con una cortesía un poco distraída,
río rosado en la noche,
pues tienes una secreta obstinación
de correr mucho esta noche.
Nada de sueño, no, a pesar de la invitación
de la luna,
y de los grillos de la orilla que te llaman,
y de las luces cercanas que te hacen señas,
y de alguna casa de la barranca,
que quiere alargar su reflejo en tu paz.
Alto río rosado, pleno.
Una infantil energía, un ilusionado impulso,
te hace sordo esta noche
a lo que antes te hacía soñar y quedarte hasta el alba.
El canto de un pájaro en la medianoche
te detenía ¿recuerdas? frente a un árbol.
Ah, nos engaña casi tu transparencia tardía,
rosada, y con estremecimientos ya azulados.

Río pleno, pálido en la noche.


Juan L Ortiz de El alba sube.. (1933 – 1936)


Jose Luis Colombini leyendo poemas de Juan L. Ortíz. Río rosado en la noche y Estas primeras tardes de primavera. 7 de Mayo de 2009 Miguel Ortiz acercando data de Jun L. Ortiz


Estas primeras tardes de primavera

Estas primeras tardes de primavera,
tan celestes, tan puras,
—Domingo que es una soledad
de luz y árboles—
cómo me entristecen!
Perdonadme, camaradas, esta tristeza.
Estoy penetrado de sutiles, de viejos venenos.
Me entristecen quizás
porque bajo el vuelo posado de esta dicha aérea,
me encuentro frente al fantasma de mi soledad de antes.
O es que una dicha así impalpable
es siempre triste?

Excusadme, compañeros,
este suspiro.
Los Domingos de estos pueblos
tienen la sonrisa de una muerte encantadora.

Pájaros que apenas cantan.
Y árboles, árboles, sólo, con el cielo.
Pienso que si todos fueran dichosos,
cómo respondería esta dicha a la paz
fluida del cielo.
Guirnaldas humanas ondularían armoniosamente
cantando las canciones sencillas y bellas
de los poetas amados de todos.
Las músicas que soñaba Debussy para los parques,
harían un tejido frágil y grave, suspendido.
Es esta tristeza, entonces, la tristeza de la posesión?
Si en todos estuviera esta dicha
como una gracia transparente
que diera ritmo a los cuerpos,
melodía a la voz,
amor vivo, vivo, a las almas,
sensibilidad a todos bajo los dedos de la música,
yo no estuviera triste.
La belleza de la tarde
no sería recogida sólo por los árboles,
por los pájaros, por el río que la lleva, hacia dónde?
por un refinado nostálgico y ultrasensible,
sino que tendría también una más amplia, inmediata, y por
[qué no?

más completa
expresión humana.
La tarde para todos, compañeros.


Juan L Ortiz de El alba sube.. (1933 – 1936)

junio 27, 2015

En el dorado milagro... Juan L. Ortiz

EN EL DORADO MILAGRO..., 

En el dorado milagro
de la tarde,
en el último momento
transparente de la tarde,
pronto a florecer del cielo
jardines que caen, caen,
oh, cómo juegan los niños,
en la calle verde, verde,
con espejos encantados.

Los niños, oh, cómo juegan.
Cómo la risa remonta
sobre el hambre, sobre el hambre.
Ah, cómo juegan los niños
al borde de los vacíos
de oro pálido, con nubes
de blancor último, nubes.
Ah, cómo juegan los niños,
olvido que canta en torno
de los espejos, y danza
como tallos en la brisa.
Oh, la pureza profunda
de la alegría de ellos,
de ellos que ya algo saben,
no, que saben demasiado.

Demasiado saben, pero
aún ignoran
la pesadilla cortada
de metralla y muerte súbita
—sorpresa terrible de ángeles
despertados en el fuego
y la sangre—,
de sus hermanos lejanos
de las ciudades de España.

Aún ignoran, aún ignoran.
Danzad, corred, oh alegría
efímera sobre el hambre,
sobre la angustia nocturna,
sobré la fatiga diaria,
sobre el pertinaz asombro,
en el dorado relámpago
de la tarde con espejos.

Gracias por la fuerza pura,
qué fuerza, oh hombres, qué fuerza
del íntimo surtidor
que abre rosas de alegría
en torno de los espejos,
de los espejos con nubes,
bajo el cielo pronto a abrir
jardines que caen, caen...


Juan L. Ortiz.

De El ángel inclinado (1937)

junio 26, 2015

¡Qué bien extraño el otoño!, Juan L. Ortiz

¡QUE BIEN EXTRAÑO EL OTOÑO!...

¡Qué bien extraño
el otoño!
Una tristeza que es como un suspiro
de nostalgia infinita.
Una absorta congoja de recuerdos sin nombre.
Una desolación
flotante.
¡Qué bien extraño
el otoño!
Vaga el alma perdida en su melancolía
como en el sueño
íntimo y lejano
de una melodía
que llora.
¡Qué bien extraño
el Otoño!


Juan L. Ortiz
Del libro: El agua y la noche. Poemas 1924-1932

junio 25, 2015

Juan L. Ortíz anécdota

Una anécdota, cierta vez a Don Juan L. Ortiz, tremendo poeta, habitante de la mesopotamía Argentina, lo invitan como poeta a China, a dar unas charlas, lecturas y alguna conferencia. En el avión que lo llevaba, como 30 horas de vuelo, a Juan se le antojo tomar Mate, poeta muya matero, así que armo su mate, y sacó su pequeño calentador de alcohol que llevaba y al encenderlo ocasiono un verdadero escándalo en el avión y debió apagarlo….. Pero finalmente le dieron agua caliente y tomo sus cimarrones.

Osvaldo Guevara anécdotas sobre Juan L Ortíz



Osvaldo Guevara anécdotas sobre Juan L Ortíz 
Videopoético del Café Literario del Jueves 05 de Agosto de 2010, en La Vieja Esquina, Avda San Martín y Edison, Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Cuyo tema fue El Viento.

junio 24, 2015

Ah, esta tarde encendida, Juan L. Ortiz


AH, ESTA TARDE ENCENDIDA...

Ah, esta tarde encendida, amigos, esta tarde,
de un oro vegetal iluminada toda
y toda penetrada de la gracia celeste
qué dulce, ah, qué dulce! entre el follaje frágil:
lluvia pálida o fluido casi primaveral con una muy secreta y fragante nostalgia de alma. Luz celeste y sensible mirando entre la irradiación de la muerte suntuosa.
. . . Fue en Abril, sí, en Abril, en los primeros días en que empieza a reinar un orden aún tierno en las cosas. Venía distraído. De pronto al volver de una esquina suburbana aquel árbol
me sorprendió con una presencia tan perfecta, tan acabada,  que,  en un milagro hube de creer. Parecía destacado con un equilibrio, un ritmo, del todo musical,
en la plenitud grave y frágil de sus formas. Y todo al punto se ordenó en torno de él en una paz que hubiera madurado el sensible pensamiento latente ya del mediodía.


Juan L. Ortiz

De El ángel inclinado (1937)

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