El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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agosto 21, 2017

Navegante solitario II, Horacio Castillo


NAVEGANTE SOLITARIO II

Después aparecieron los arrecifes: un ojo de vidrio,
una esmeralda en medio del océano. Y la luz
cayó de golpe sobre mí como aceite hirviendo, como un
arpón.
Hasta entonces no habíamos conocido la luz.
Lo que llamábamos luz era sólo un reflejo.
Aquello que se posaba sobre el alféizar de la ventana era
un simulacro.
La luz era esto: correas ciñendo los músculos.
La luz era esto: grasa en los ojos, en la boca.
Hasta entonces no habíamos conocido la luz
Esa noche, bajo las grandes hojas del verano,
pagamos el diezmo de nardo y vainilla.
Y se arqueó la cadera del mundo. Al amanecer,
libres para siempre de toda oscuridad,
salimos nuevamente al mar azul,
cantando al ritmo de los remos la antigua canción:
Hacia el horizonte que siempre se aleja,
hacia el horizonte que arroja su red,
hacia el horizonte que nos hace temblar,
hacia el horizonte que esconde al gran pez,
hacia el horizonte del poder desconocido,
hacia el horizonte, siempre hacia el primogénito,
para recibir el alma real, para servir a un amo mejor.


Horacio Castillo

agosto 20, 2017

La casa del ahorcado, Horacio Castillo

La casa del ahorcado

Las puertas estaban abiertas, las ventanas estaban
     abiertas,
las paredes horadadas como por un trépano,
y donde había estado el techo ahora sólo se veían
vigas rotas y hierros retorcidos.
La luz entraba violentamente por todas partes,
descubría frescos obscenos en la mancha de
     humedad,
doraba las hornacinas donde dormían las paloma.
En el centro de la sala, junto al brasero apagado,
una mujer vestida de rojo devanaba en la rueca un hilo
      negro,
como un cordón umbilical que salía del fondo de la
      tierra.
En otra habitación, mascando restos de tul,
una niña miraba las hormigas que subían al lecho
y oscurecían el lado izquierdo de la almohada.
Y en el patio, donde triscaban las cabras,
un niño recogía ojos multicolores,
hasta encontrar su propio par de ojos
con los que veía por primera vez la oscuridad.
Detrás del limonero, junto al pozo ciego,
dos jóvenes se vendaban los ojos,
mientras la gente iba y venía, recorría
en silencio las habitaciones, tomaba fotografías,
caminaba hasta el fondo donde una muchacha con
      cabello de azafrán
vendía escapularios y souvenirs: madera del árbol
       nefando,
fragmentos de la cuerda que había entibiado el cuello,

el ojo al fin azul del prisionero.

Horacio Castillo

agosto 19, 2017

Encrucijada, Horacio Castillo

ENCRUCIJADA

Esa es la voz de Hécate.
Esa es la mano izquierda del destino.
La luna enrojece el paisaje,
esparce sobre el mundo la locura y la muerte.
Y ella canta en la encrucijada.
Allí donde el cuerpo se triplica,
donde se triplican los ojos y los pies
pero no el corazón,
allí donde cae la cabeza del condenado,
donde no hay perdón.
Ella canta en la encrucijada
y su canto abre las puertas del infierno.
Ella canta en la encrucijada
y se retuercen los epilépticos.
Ella canta en la encrucijada
y el alacrán arrastra su víctima al tálamo de fuego
Ella canta en la encrucijada
y el cuerpo y el alma desatan su terrible nudo.
Ella canta:
“Oh, cómplice de la noche,
reina de los muertos y de los fantasmas,
trivia,
el corazón estrábico mira a derecha e izquierda,
adelante y atrás,
se mira a sí mismo y a su doble.”
Ella canta en la encrucijada.
Pero alguien saldrá esta noche como ladrón a los
caminos,
pisará los escalones de lo desconocido,
traerá de los cabellos la cabeza del sol.
Para arrojarla a sus pies,
para que su canto no cese,
para que siga brotando de sus pechos
la leche caliente de la fatalidad.



Horacio Castillo

agosto 18, 2017

Poema Para Ser Recitado En La Barca De Caronte, Horacio Castillo

Poema Para Ser Recitado En La Barca De Caronte 

El paisaje es más hermoso de lo que habíamos imaginado:
Estas murallas que caen a pico sobre nosotros,
Aquel sol negro descendiendo sobre la laguna,
Allá, a estribor, un arco iris que refracta la niebla.
Pero esta moneda de hierro entre los dientes,
Este óbolo que debemos morder hasta el término del viaje,
Cierra la boca que desea cantar.
Cantar para estas almas tristes sentadas en el banco,
Mientras el cómitre marca con el látigo el compás,
Mientras ordena remar sin interrupción,
Cada vez más fuerte, cada vez más rápido, más lejos de la luz.

Horacio Castillo


agosto 17, 2017

Epitafio, Horacio Castillo

Epitafio

Ni la rosa perfecta ni el laurel público:
nardo y albahaca, anís, lavanda, nuez moscada,
y que el aire del alba esparciendo su aroma

avise al peregrino: Este vivió.

Horacio Castillo

agosto 16, 2017

Historia Calamitatum, Horacio Castillo

HISTORIA CALAMITATUM

Esta pena es pasajera, no eterna.
Tiende a purificar, no a condenar.
Segunda carta de Abelardo a Heloísa

¿Adónde ir ahora? ¿Cómo reaparecer ante el público,
para que todos me señalen con el dedo
y se ensañe la compasión? Ya no soy, para el mundo,
sino un espectáculo abominable, escándalo, un eunuco
excluido. como animal mutilado, de la asamblea de
Dios.
La ley homicida me ha juzgado de esta manera
para que purgue las seducciones de la carne y del siglo,
pero el aguijón del pensamiento ¡más poderoso que el
de la carne, aviva la hoguera de la voluptuosidad
y el fuego se propaga desde el cielo al infierno.
El dolor infligido exaspera todavía más
porque el pensamiento, ay, a diferencia de la sensación,
no se consuma, y se revuelve sobre sí mismo
buscando esa muerte donde todo halla reposo.
Para mí no hay corona, y puesto que un abismo
separa de la esposa blanca por los huesos,
espero otro nombre mejor que el de esposo,
el nombre verdadero que jamás perece.


Horacio Castillo

agosto 15, 2017

El foso, Horacio Castillo



El foso

Respiré por última vez el aroma de los eucaliptos
y pasé bajo el arco donde estaba escrito: Aquí termina el mundo.
¿Dónde estamos? -preguntó el niño que todavía no había nacido.
En ninguna parte -contestó el hombre que ya había muerto.
Y señalando en el medio del campo un inmenso foso
agregó: Todos saldrán por ese mismo lugar.
¿Dónde estamos? -preguntó el hombre escondiendo los ojos en el bolsillo de la chaqueta.
En ninguna parte -contestó la mujer plegando su cabellera como un mantel.
En ese momento el viento cambió de dirección
y sentí por primera vez el olor de la nada.
Y ese olor nos atormentó durante el resto de la jornada, y la jornada siguiente,
y todas las que siguieron hasta el fin de nuestros días.
¿Dónde estamos? -preguntó el hijo templando las cuerdas de las alambradas.
En ninguna parte -contestó el padre pasando una esponja sobre los árboles.
Pero los veteranos, encendiendo fogatas, se ponían a cantar
y todo parecía un alegre campamento de verano.
¿Dónde estamos? -preguntó el muchacho con el cordero sobre los hombros.
En ninguna parte -contestó la muchacha con el ramo de
nomeolvides en el pelo.
¿Cómo podíamos cantar mirando día y noche el negro foso?
Un día, sin embargo, el aire amaneció fragante;
olía a almidón, a cabello de mujer recién lavado,
acaso porque ese día ella descendió por el negro foso.
¿Dónde estamos? -preguntó el niño con el rayo de sol entre los dientes.
En ninguna parte -contestó el anciano revolviendo el caldo negro de la memoria.
Ese día, en cuclillas junto al fuego, empezamos a cantar.
Cantábamos bajo las duchas de la luna llena,
cantábamos pelando papas infinitamente oscuras,
cantábamos separando la uña de la carne.
Aun el último día entre los vivos cantamos.
En fila india, con el clavel de los mansos en el corazón,
caminamos lentamente hasta el borde del pozo.
¿Dónde estamos? -preguntó la niña que dormía con el ave fénix en sus brazos.
En ninguna parte -contestó la madre con el balde de olvido sobre la cabeza.
Así, tomados de la mano, esperamos el amanecer
y bajamos cantando a la eternidad.


Horacio Castillo
De Alaska, 1993               

junio 06, 2016

Los ancianos callaban, Horacio Castillo


LOS ANCIANOS CALLABAN

Al pie de la muralla, junto al fuego, los ancianos
callaban.
Miraban a lo lejos las negras nubes y callaban.
Escudriñaban noche y día el mar y callaban.
La arena empezaba a enfriarse, el alma empezaba a
enfriarse,
los pájaros huían hacia el porvenir.
Pero los ancianos callaban, buscaban
el surco de la quilla en el agua y callaban,
miraban llorar la sombra de la encina y callaban,
Se oyó un grito. ¿Qué dicen esas hojas?
Se oyeron alas. ¿Adónde vuelan esas piedras?
Pero los ancianos callaban, oían el lamento
que viene del futuro y callaban,
miraban la bañera ensangrentada entre la maleza y
callaban.
Se oyó un ladrido. ¿A quién llama ese perro?
Se oyeron carros. ¿Adónde llevan esos muertos?
Pero los ancianos callaban, recordaban
el lenguaje bárbaro de la golondrina y callaban,
espantaban el lagarto entre las breñas y callaban,
pensaban en el destino del ruiseñor y callaban, callaban.

Horacio Castillo

De Los Gatos de la Acrópolis (1998)

junio 05, 2016

Mador, Horacio Castillo

MADOR

I

Cargamos piedras pesadas como murallas, arrastramos
redes llenas de cetáceos,
allá, en una tierra ávida de condenados,
allá donde se eriza bajo la mano el lomo del mundo.
Llevamos un río sobre los hombros al amanecer,
comimos una avena negra, la miel de la locura,
allá, donde nace el embrión de la mirada,
allá donde desova diariamente la mónada del sueño,
allá, en la madriguera del sí y el no,
allá donde tiene diente el ojo, boca el corazón.

II

Y tú, atada todavía al cordón umbilical,
transformas la privación en promesa,
tú, empapada en el sudor de los vivos,
comes en silencio el trigo de los muertos.

III

Tempestades de ojos, vientos de conciencia,
y a lo lejos cantos de cuna.
Oh nunca bastante de tanta esperanza.

IV

Pero de pronto todo se hundió debajo del silencio,
debajo de la lluvia, debajo, debajo,
y al correr la piedra para ver el rostro
brotó de la nada un chorro azul.
Dientes blancos de la alegría, dientes blancos de la
alegría,
y tú, sombra rapada, velando el esplendor.


Horacio Castillo
De Los Gatos de la Acrópolis (1998)

junio 04, 2016

Tapiz, Horacio Castillo

TAPIZ

Ella alimenta una nube. Mira su mano
apoyada sobre la balaustrada, la carne
emergiendo del terciopelo, el blanco del verde.
Y la otra mano, negligente sobre el bastidor,
donde un hilo de oro urde la trama del sueño.
¿Esa trenza cruzada sobre la cabeza está
prometida? Sus ojos cerrados ¿devuelven
al cielo lo que es del cielo?
                             Al fondo, en la floresta,
vela el unicornio. Su ojo retráctil no se aparta
de la presa, y el cuerno, energía hipnótica,
horada el regazo de la tierra, casi sin consuelo.
Si esa mano, generosa con lo divino, retomara el
   bordado,
si sus párpados, despertando, absolvieran al mundo,
se abriría un sendero hacia el centro de todo
y tendría sentido la frescura de las rosas.

¿Comprendes, Abelone? Yo sé que has comprendido

Horacio Castillo

junio 03, 2016

El Quejido, Horacio Castillo

EL QUEJIDO

Quejido animal de lo que tiene fin, quejido
de rosa recién abierta, de pájaro cayendo,
quejido de gato escaldado, de apaleado, de empalado,
quejido de cangrejo en el aceite hirviendo,
quejido de buey quejido de himen, quejido de rama,
   quejido de fruto,
quejido de hueso quebrándose, de última mirada,
quejido de cuaderna, de varenga, quejido de cripta,
quejido de sueño secándose en la piedra,
quejido del azul, quejido del negro, quejido del rojo,
quejido diurno, quejido nocturno, quejido del sí,
   quejido del no,
quejido de virgen en el ojo del unicornio,
quejido de ménade con la pierna amputada,
quejido de lo que es, quejido de lo que no es,
quejido de lo que nació, quejido de lo que murió,
quejido mío, tuyo, quejido de todos, quejido de nadie
   ¡Ay, ay!


Horacio Castillo

De Los gatos de la Acrópolis (1998)

junio 02, 2016

Los Gatos de la Acrópolis, Horacio Castillo

Los Gatos de la Acrópolis

Cómo tiembla la rama de laurel, cómo tiembla toda la
   morada.
Pero al pie de la columna, a la sombra del mármol,
ellos vigilan. ¿Duermen o sueñan? ¿Están vivos o
   muertos?
Lejos todo lo miserable: el gran Roedor,
el poder que desgasta la materia del mundo,
lejos lo que quita el sueño, la peste de lo que es.
Cómo tiembla la rama de laurel, cómo tiembla toda la
morada.
Pero estáticos, perpendiculares al día,
ellos vigilan. ¿Son momias o espectros? ¿Dioses o
demonios?
Y eras tú, Matador de Ratas, siempre bello y siempre
joven,
tú que sólo te muestras al que es bueno.
Y eras tú, Matador de Ratas, pero no te veíamos,
tú que sólo te muestras al que es puro.
Lejos todo lo miserable, lejos
la alimaña del corazón, la degradación de la belleza,
lejos el diente de la nada. el embrión de lo que no es.
Tiembla nuevamente la rama de laurel, se estremece
toda la morada.
Pero ellos vigilan. Y se detiene el proceso de
corrupción.
Te veremos, Matador de Ratas, te veremos y no
seremos despreciados.

Horacio Castillo

De Los gatos de la Acrópolis (1998)

junio 01, 2016

Culto, Horacio Castillo

CULTO

Cada vez que llega ante la sepultura
besa la cruz, mueve desconsolada
la cabeza de un lado al otro
y se pone a ordenar silenciosamente las flores.

Va y viene a la canilla cercana,
cambia el agua del cántaro,
y cuida que las hormigas no avancen
sobre ia tierra todavía removida.

Luego recoge lentamente sus cosas,
besa de nuevo hasta mañana la piedra,
y regresa por la soleada avenida
donde siempre canta uno de esos pájaros que cantan
   en los cementerios.

Horacio Castillo

De Materia Acre (1974)

mayo 31, 2016

Arte Poética, Horacio Castillo

Arte Poética

Soltar la lengua de manera que trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
ar la lengua, de manera que no trabe el producto
matriz de lo volátil, acaso de la luz.

Horacio Castillo

De Materia Acre (1974)

noviembre 09, 2015

Tuerto rey, Horacio Castillo

Tuerto rey

Esta mosca que desova en el pantano
y vuela de mejilla en mejilla, de párpado en párpado,
ha traído la peste a nuestros ojos: ya no vemos
las nubes sobre los techos de la aldea,
la sombra de la garza remontando la corriente.
Pero al atardecer, cuando bajamos a la orilla del río
y el tuerto coronado de oro repite su relato,
descubrimos a través de su boca grandes señales en el cielo,
sangre de su ojo que sueña por la tribu.


Horacio Castillo

noviembre 07, 2015

Osvaldo Guevara recordando anécdotas de Alejandra Pizarnik y de Horacio Castillo

Video poético del Café Literario del Jueves 08 de Julio de 2010, en La Vieja Esquina, Avda San Martín y Edison, Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Cuyo tema fue La Nieve y coordino la velada Jose Luis Colombini.

Osvaldo Guevara recordando anécdotas de Alejandra Pizarnik y de Horacio Castillo

noviembre 06, 2015

Los ancianos callaban, Horacio Castillo


Los ancianos callaban

Al pie de la muralla, junto al fuego, los ancianos callaban.
Miraban a lo lejos las negras nubes y callaban.
Escudriñaban noche y día el mar y callaban.
La arena empezaba a enfriarse, el alma empezaba a enfriarse,
los pájaros huían hacia el porvenir.
Pero los ancianos callaban, buscaban
el surco de la quilla en el agua y callaban,
miraban llorar la sombra de la encina y callaban.
Se oyó un grito. ¿Qué dicen esas hojas?
Se oyeron alas. ¿Adónde vuelan esas piedras?
Pero los ancianos callaban, oían el lamento
que viene del futuro y callaban,
miraban la bañera ensangrentada entre la maleza y callaban.
Se oyó un ladrido. ¿A quién llama ese perro?
Se oyeron carros. ¿Adónde llevan esos muertos?
Pero los ancianos callaban, recordaban
el lenguaje bárbaro de la golondrina y callaban,
espantaban el lagarto entre las breñas y callaban,

pensaban en el destino del ruiseñor y callaban, callaban.

Horacio Castillo

noviembre 05, 2015

Croar del alma, Horacio Castillo

Croar del alma

Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eternidad.

Horacio Castillo


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