El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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diciembre 12, 2016

Esos días extraños... Elvio Romero



Esos días extraños...

Vienes de afuera. Traes
vitales adherencias en la mirada clara.
Se te ve el regocijo. El júbilo te invade.
Repites nombres, cosas. Y al punto te detienes
en ese espacio grave de
 distancia que existe
en ese espacio grave de
 distancia que existe
entre el fervor que traes y el silencio que habito... 
¿Qué tengo? ¿Qué contorno
de penumbra me sella y me fatiga?
¿Bajo qué precipicios cierro los ojos tristes
y apenas ya converso con brumas imprecisas?
¿Qué sucede que apenas te conozco,
que tu mirada clara se me borra en las manos
y me enredo en mi noche y mis recuerdos? 
Pronto ves que no entiendo.
Que no estoy. Que no escucho.
Que irremediablemente me pierdo en esa umbría
donde, ciego y perdido, rompo mis pobres báculos
que he bajado a una estancia de fiebres invasoras
de donde extraigo, huraño y melancólico,
mis diarias cosechas, mi
s vinos silenciosos. 
Algo quieres decirme. Algo quieres contarme.
Pero no estoy. No siento. Persisto en mi guarida.
Me hospedo en esa niebla
donde a veces me pierdo,
bajo la estera oculta donde me afano y doblo,
en la triste carlanca donde enfundo mi sangre,
en mi agujero amargo. 

Elvio Romero

diciembre 11, 2016

Alegres éramos... Elvio Romero



Alegres éramos...



Usted sabe, señor,

qué alegría colgaba en la floresta;

qué alegría severa

como raigambre sudorosa;

cómo el alegre polvo veraniego

fulguraba en su lámina esplendente,

cómo, ¡qué alegremente andábamos! 

¡Qué alegremente andábamos! 

Usted sabe, señor,

usted ha visto cómo

la lluvia torrencial sempiterna caía

sobre un textil aroma de bejucos salvajes

y cómo iba dejando con sus pétalos húmedos

su flora resbalosa,

su acuosa florería. 

Usted sabe, señor,

cómo los sementales retozaban

hartos de florecer, jubilosos de hartazgo,

con qué poder la noche deponía

su amargura en la altura del rocío

tal como deponía la desdicha

su arma en las arboledas. 

Usted sabe qué alegre

aflicción de racimos por las ramas

en frutal arco iris vespertino;

cómo alegres luciérnagas subían

a encender las estrellas,

a conducir azahares que estallaban

como emoción nupcial o lumbraradas. 

Usted sabe, señor,

que antes de que aquí se enseñoreara

la pobreza, frunciendo hasta las hojas,

desesperando el aire,

bien sabe, bien conoce

que cualquier miserable aquí podía

fortificar un canto en su garganta,

en su pecho opulento. 

(¡Cómo podías reír, muchacha mía!

Juvenil, ¡cómo izabas

una sonrisa fértil como un grano,

cómo te coronaban los jazmines

y cómo yo apuraba

mi vaso de fervor! ¡Qué alegres éramos!) 

Antes, antes de la amargura,

antes de que sorbiéramos

un caudaloso cáliz de indigencias boreales,

antes de que amarraran los perfumes,

que en su reverso el sol guardase el hambre,

¡qué alegres caminábamos! 

Antes,

antes de que el aura ofendieran,

de arrancar la raíz sangrándole los bulbos,

antes del mayoral, del tiro, antes del látigo,

qué alegría, señor,

¡qué alegremente andábamos! 



Elvio Romero


diciembre 10, 2016

Conversando con Jose Asunción Silva, Elvio Romero



CONVERSANDO CON JOSE ASUNCIÓN FLORES



He elegido esta clara mañana, hermano mío,

para posar mis duras lámparas en tu mesa,

llegar con gesto tardo para hablarte de cosas

que al recóndito tiemblo de nuestro ser conciernan:

los montes, las surgentes, los niños, la poesía

y esas guaranias tuyas como soles que queman.



Yo no hubiera querido sino cantar contigo.

Sin embargo, tú sabes que todas nuestras flechas

deben hoy aguzarse con nuevos resplandores,

y nuestra voz cargarse de implacables centellas,

como a veces debemos, en vez de miel sonora,

llevar en las gargantas ásperas torrenteras.



¡Y cómo no ha de ser! Si tercamente siguen

los amigos de la hez, la oscura gente aquella

que ya de tanto y tanto golpear en la sombra

supone que es posible quebrantar nuestra fuerza,

sobornar el tranquilo panal de nuestro pecho,

tal vez desarbolarnos de nuestra roja tierra.



¡Tal vez desarbolarnos de la tierra! ¿Comprendes,

comprendes que pretenden arrojarnos afuera

de lo que más amamos: las casas, los palmares,

las llanuras natales? ¡ Es como si pudieran

arrancarle los hijos a una madre, a la noche

las hebras con que puede tejer sus sementeras!



¡Y qué, qué pueden ésos, ésos que desconocen

lo que es sorber el cáliz de las cosas supremas,

lo que es llenar la copa de generoso vino

y ofrecerlo a un amigo como airosa presea,

que al mirar nuestros pasos jamás aquilataron

el granero de sueños que dejan a sus huellas!



Pero nosotros hemos de averiguar un día

cuáles fueron los hijos más fieles, las maderas

de mayor rectitud, cuáles fueron los árboles

que poblaron sus ramas de más altas estrellas,

qué labios se nutrieron de canciones más hondas

y quiénes repartieron las mieses de su alforja.



¡Y qué, qué pueden ésos tramar contra el soberbio

clavel que levantamos con una luz severa,

si ya no les alumbran los densos alimentos

de las verdades simples, la rumorosa veta

del agua y la honradez, que la primer criatura

del mundo comprendía que iba a llevar a cuestas!



He elegido esta clara mañana, hermano mío,

para decirte cosas y escuchar cómo llegas,

colmada la mochila de pan para los hombres,

trazado el alto rumbo sobre la frente inmensa,

y sentir que galopa tu música hacia el alba,

ganada por la boca del pueblo que despierta.



Deja que aquéllos anden con esa exigua luna

ya arrumbada de tanto desgastarse en la piedra;

déjalos que en la inútil penumbra reconozcan

que ya no llevan sangre ni calor en las venas,

y que al tocar sus rostros descubran que palparon

máscaras desoladas de niebla polvorienta.



¡Que arríen sus banderas! Nosotros levantamos

la claridad más pura, la más valiente arena.

¡Déjalos con su sombra! Nosotros activamos

la labor poderosa que hay en las herramientas,

manejamos cordeles de rocío y tenemos

un ancho corazón para poblar la tierra!



Elvio Romero de El sol bajo las raíces (1956)




diciembre 09, 2016

El cuerpo de madera, Elvio Romero



EL CUERPO DE MADERA



Tienes, patria, las manos de madera,

todo el herido cuerpo de madera,

                madera y resplandor;

el sudor como lluvia de madera,

de madera los huesos, de madera

dispuesta a resonar.



De madera la sangre

( ¡chaparrón de madera!).



De madera los ojos

(cristal de la madera).



De madera los gestos

(sesgos de la madera).



¡Forestal capitán de la madera!



Te hicieron con guitarras de madera,

cajas de percusiones de madera

se rompen a tu andar,

tu mismo andar es playa de madera,

playa para las olas de madera,

de madera y calor.



De madera las uñas

(filos de la madera).



De madera los ojos,

de madera.



Y fibra y capitán de la madera,

¡de madera el amor!



Por eso tienes, patria, de madera

el puño vesperal, de una madera

difícil de quebrar,

la más clara esperanza de madera,

de madera encendida, y de madera

¡tu duro corazón!





Elvio Romero de El sol bajo las raíces (1956)