El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

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febrero 01, 2016

Variaciones a propósito de un tema según Lewis Carroll, Antonin Artaud

VARIACIONES A PROPOSITO DE UN TEMA según Lewis Carroll

Esto no es una traducción sino una adaptación-variación del tema de un poema del que mi pensamiento no se ha alejado más para unirse en espíritu al autor y tal como se vio él mismo a sí mismo no en el interior de este poema sino en el interior de la poesía.
Lewis Carroll vio su yo como en un espejo pero en realidad no creyó en ese yo, quiso viajar por el espejo con el fin de destruir el espectro del yo fuera de sí mismo antes de destruirlo en su mismo cuerpo, pero al mismo tiempo era en él mismo donde expurgaba el Doble de ese yo.
Hay en este poema un estadio determinante de los estados por los que pasa la palabra materia antes de florecer en el pensamiento, y operaciones de alquimia si puede decirse salivar que todo poeta en el fondo de su garganta hace experimentar a la palabra, música, frase, variación del tempo interior, antes de regurgitarlas en materia para el lector.
Lo que lo demuestra es esa comparación extraña entre el Epicúreo sentado a la mesa ante una tajada exquisita de venado y que para aguzar su glotonería se reprime de saborearlo un
bocado de cada seis, y el poeta que sueña un aire melódico supremo y que para aumentar su paladeo interno se lanza sobre los detalles.
A Ese poema en el que una frase musical tipo parece diluirse de repente en volutas de humo, es el poema de un insensato que un día entró en el ser y acabó por abandonarlo, y es el esfuerzo de todos los insensatos en ser, aferrarse a una realidad huidiza y condenada, y a la que sólo se aferran en función de su propia perversidad.
Paladeamos minuciosamente el pensamiento y el lenguaje pero en ese intervalo se nos escapa nuestra alma y ésta era esa misma realidad ante la que nos creíamos sentados. Y nuestro Yo
celeste, el Ángel de pelo pelirrojo de Lewis Carroll luchaba en la tierra con su espectro traidoramente convertido en demonio.
Pues Lewis Carroll es en realidad un espíritu de cólera, de venganza y de furor. Una especie de amotinador nacido de la percepción y del lenguaje y si no podemos creerlo totalmente mientras lo leemos es porque nadie tuvo jamás la idea de mirar con él detrás del espejo interno por el que su espíritu nervioso y sufriente no puede impedirse pasar.
El Epicúreo al que Lewis Carroll acusa de ese pecado de perversidad consigo mismo es el mismo; y el motín al que apela toda su obra es un motín contra el yo y las condiciones ordinarias del yo, es decir la noción temporal de nuestro yo.
Fatigado y padeciendo de aquel pecado a su vez, pasó su vida ejecutando variaciones sobre este tema; pero leer la obra de un poeta es ante todo leer a través. Pues toda obra escrita es
un espejo donde lo escrito se funde ante lo no-escrito. Y lo no--escrito de Lewis Carroll es una profunda, sabia y vertiginosa insatisfacción.
Las cosas, Lewis Carroll, no son efectivamente todo lo que son. Y podemos soñar sobre ese tema y ejecutar muchas variaciones, pero siempre nos vuelve la idea del yo perverso como
una terrible regurgitación, ¿y cuando encontraremos por fin ese no-yo en el que nos vemos tal cuales, por fin, y puros, es decir Vírgenes, en el fondo del espejo interno?
El aire soñado por Lewis Carroll durante toda su vida es el de su yo melódico supremo, palabra casta del Serafín enterrado detrás de los fantasmas repelentes de las cosas y que un día volverá a nosotros, ¿pero Cuándo? y a través de esas músicas y ese aire, en un mundo que ya ni siquiera tiene el eje de un aire Eterno para decirse, ni de una música inmaterial y Sobrenatural para repetirse.  


NO ME GUSTA LA CARA GACELA
ni me gusta comer platos caros;
pues los precios altos benefician a los que se benefician de los
los pobres cervatos.
y no quiero transformarme en acaparador por hacer esto.

CUANDO VEO QUE VIENE HACIA MI CON UN OJO A LA FUNERALA
mi hijo a la salida de las clases `
tras haberse pegado contra quién y qué
y sin saber decir demasiado por qué,
tengo la impresión de verme a mi
en batalla ante mi espejo
contra mi propia desesperación.

PERO CUANDO VINO PARA CONOCERME MEJOR
me echó fuera, el irritable Señor;
y cuando me puse a teñirme el pelo
cuyo cambio nota SU GRACIA intratable
y de esta suerte admira.

Y QUE POR FIN ELLA ME AMA, ESTABA SEGURO DE QUE Mi TEZ
de azul desvaído o verde fangoso
dejaría una huella espesa
visible a medias sobre mis ojos
del pelirrojo poderoso que me distingue mejor.


* Pauvres hëres: pobres cervatos, o en sentido figurado, “pobres diablos” (N. del T.).



ANTONIN ARTAUD (según Lewis Carroll)

enero 31, 2016

La place de L´etoile de Robert Desnos por Antonin Artaud

LA PLACE DE L´ETOILE  de Robert Desnos por Antonin Artaud

La Place de l”Etoile de la que se trata en la obra de Robert Desnos no es la que irradia al final de la Avenida de los Campos Elíseos en París, sino el lugar que una estrella todavía nunca salida del vacío del corazón tiene que buscar. Los fantasmas existen, no deja de repetir Robert Desnos a lo largo de este anti-poema que ha querido decir acerca del destino secreto de las
cosas visiblemente más que toda la Tragedia. Este texto que no se asemeja a ningún texto conocido, no está en efecto escrito. Pero está ahí, mucho más que gran cantidad de cosas escritas, quiero decir que hay golpes de cortafrío entre todas las palabras espectrales emitidas por los interlocutores, como de un hombre que ha querido permanecer al margen del ser y hacer saltar dentro su voluntad de elocución. ¿Pues de qué se trata en esta obra sino efectivamente de nada, quiero decir de ese insano azar, de esa imposible emulsión de ausencias donde siempre tiene lugar lo improbable y nunca la realidad? Una ebullición a propósito de nada. - Pero yo veo en ella mucho más que eso: la historia de un alma que jamás ha podido vivir y que finalmente ha sido separada de la existencia por el tifus en un campo de
exterminio.
Robert Desnos, cuando escribió esta obra, se sabía ya amenazado de muerte cuyos fantasmas no dejaba de ver y, ala inversa de todos los hombres, él lo decía, sin temor a ser tomado por un alucinado. Pues esta vida no es más que un mundo de larvas y fetos emitidos por el mezquino inconsciente de todos los seres, y que no tienen otra preocupación ni otro fin que
montar guardia día y noche alrededor de todas las conciencias sospechosas de no querer entregarse como ellas al principio de inhibición. Que consiste tan humorístico principio no en vestir a los otros con pensamientos que no se desean sino en robar a las buenas conciencias todos los pensamientos que ellas inhiben, con el fin de aprovecharse de estos en su lugar y para ellas hasta su descomposición, y devolverlas descompuestas e infectas y de hacerlo por inhibición a continuación hacer caer el peso de esta infección, en, sí mismo, conservándose salvos. Y así fue como Robert Desnos murió de tifus en un campo de exterminio donde la “guardia-chusma” nazi tenía tras si y a través de si' un ejército de hechizadores judíos o cristianos. Pues Robert Desnos el autor de este anti-poema “la Place de l”Etoile” era ante todo un poeta que jamás había podido aceptar la vida, una flor demasiado rara para este mundo y que desde su nacimiento sólo vivió ahogada y asfixiada... Y yo he visto en el cristal de la sala donde escribo este artículo sobre él el alma de Robert Desnos que me ayudaba a hacerme en mi espalda la tau acerada de la espada que conservará su memoria en mi cuerpo hasta el día del juicio.
El libro de Robert Desnos fue publicado en Rodez por Gaston Ferdière, alma perdida desde antes del desastre de la primera Atlántida y que desde hace tantos siglos se busca bajo un montón incontable de muertos. Pues para él el culto de la amistad no ha muerto.

ANTONIN ARTAUD

De Cartas desde Rodez, Editorial fundamentos (1980)

enero 30, 2016

Texto surrealista, Antonin Artaud

Texto surrealista

El mundo físico todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye. Pero algo sucedió de golpe.
Nació una arborescencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos
de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los seno, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo,
y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.

Antonin Artaud
Publicado en "La Révolution Surréaliste", N° 2 (1925)

Versión de Aldo Pellegrini

enero 29, 2016

El Surrealismo y el fin de la era Cristiana, Antonin Artaud

EL SURREALISMO Y EL FIN DE LA ERA CRISTIANA

Hay una historia del surrealismo, y yo la conozco muy bien en efecto, pero no es lo que se piensa. Para todo el mundo el surrealismo no es más que un ismo más añadido a todos los ismos que se pudren en los libros; y que torpemente se hacen leer eh las clases de todos los organismos de hombres como hierbas buenos para florecer y morir con un ismo más para pudrirlos en su tumba. Clasicismo, romanticismo, simbolismo, futurismo, cubismo, cuál es la muerte que todavía recuerda vuestros muertos y qué habéis hecho con vuestros muertos: ¡libros! Todos aquellos que vivieron no están ya allí. Incluso en fuerzas fuisteis sino rizos, rizos aceptados del ser, como se riza una cabellera con tenacillas con el fin de marcarla, modas en
modas como modas de sombrerero o de costura, modas tono de música y modas como modalidades. El clasicismo, el romanticismo, el simbolismo fueron esos rizos encima y que en un momento creyeron captar el corazón pero no supieron amotinar la vida. El motín es un motín del yo dentro del alma y del alma en medio del yo. A espíritus muertos-nacidos se les hace la boca agua y el anarquismo y sueñan con una insurrección en la calle, cuando ni siquiera han sabido amotinarse en contra de la eterna estupidez del espíritu; quién ha sabido su yo hasta sacarle la sangre de una lágrima en pintura o poesía. Para encontrar un poema que me hiciese llorar esas lágrimas rituales de los padres en torno a un ataúd, sino lágrimas intestinales que se tienen para llorar a la Belle Heaulmière, me remonto hasta la Edad Media y ahí encuentro a François Villon. ¿Quién era usted François Villon? ¿Qué alma de sexualidad tenía usted, qué abismo de sangre y de esperma que revolvía su abdomen, le dictó ese poema de lágrimas, ese poema de un combate interno donde es el alma la que se llora en ella dentro del desastre de su cuerpo y se llora más lejos que el cuerpo, pero en el cuerpo, a borbotones en la actitud del alma muerta y que sondea su sexualidad? Pues el alma está en esa actitud sentada con su cabeza entre las rodillas y los brazos rodeando las piernas como para recoger las tibias y ponerse a andar en la muerte. Pues el alma es un sexo pero que se esconde en la columna de las tibias condensadas hasta su medida y no se mostrará desnuda más que a su elegido, y hasta entonces será repelente y acartonada como un cuerpo de vieja despreciado, que se transferirá al elegido y ante él se metamorfoseará. Este fue entonces el problema de fondo que planteó la Belle Heaulmière, y es el de la inquietud de todos nosotros.
¿Dónde está el alma en nuestro cuerpo y qué es el alma para nuestro cuerpo? Está en todas partes, no es nada y es todo, ya que es este cuerpo por dentro y por fuera. El dolor del motín
del yo en el alma y del alma en todo el cuerpo, he aquí en lo que basar una revolución capital que no escribe sino para quemar los libros con hierro candente y no habla sino para aniquilar el lenguaje, y manifestar estados del corazón, no como la sonrisa de un soplo, sino como el borborigmo básico donde se expectora un corazón que incendia. Hacer surrealismo no es
traer lo surreal a lo real, donde llegará a enmohecerse y a dormir, a pilarse y depositarse, en los cristales empotrados de los libros, sino elevar materialmente lo real hasta ese punto en que
el alma debe salir en el cuerpo y no dejar de amotinar al cuerpo.
Es lo que el mundo todavía no ha conocido y lo que el surrealismo no ha podido hacer. Pues el alma del hombre actual está prisionera de un cuerpo malo que le prohíbe toda poesía, y lo
obliga a vivir bajo el 'yugo irremisible de las leyes, ya sean del ejército, de la policía, de la iglesia, de la justicia o de la administración. Y principalmente son las leyes de la iglesia.
Fue en 1918 cuando sentí en mí las primeras mordeduras de esas nostalgias del alma que nos atormentan para tomar cuerpo. Música, teatro, pintura, poesía, comprendía que eso no eran ya concreciones suficientes, concreciones destinadas a perecer un día a perder fuerza, y que el fuego que ardía dentro de mi necesitaba muy otras corporízaciones. Pero cómo conmover a lo real hasta llegar a esa encarnación mayor de un alma que en un cuerpo encarnado le impondrá la penosa carne sexual, la carne de alma de su verdadero cuerpo.
Sabía que había pasado el tiempo de los magos, de los ensalmadores, de los escamoteadores, de los médicos, de los charlatanes, de los faquires, de los embaucadores, de los malabaristas
y los hechizadores. También el tiempo de los ilusionistas y los brujos, y que no se hacen las cosas de golpe, sacramentalmente y mediante subterfugio como en la misa, sino paso a paso y
por escalones como un albañil ante su pared o un campesino tras su arado. La materia cuando es buena es reacia y se niega a realizarse hasta que su ser está satisfecho, su ser cuerpo de su
moralidad, digo moralidad interna en medio de las exigencias de todo.
Te adoro, le dice a su creador, pero ser, no lo soy, no yo no soy un ser, y si tú no me das plena satisfacción en medio de las exigencias del ser, ineluctablemente yo también antes de ser, en el ser te traicionaré. Y la materia tiene razón en desobedecer tanto a dios que le niega toda satisfacción para nacer y que lo pare con las angustias extrauterinas del esfínter (con el fin de reservarse para él y sus ángeles todas las insondables delicias totemizantes, tumuluarios del parto) como, digo, esta materia, desobedecer a los ángeles en un bienestar que le hace
creer que él es la vida, cuando jamás ha hecho otra cosa que hacer reírse burlonamente de la vida con ilusiones y prestigios que descentran mediante inmundas titilaciones, que descentran
igual que readaptan el alma al yugo de un ser, fuera del ser de su propia vida.
Este fue todo el tenebroso trabajo que el surrealismo cuando nació no quiso imponerle a la materia, para precipitarla prematuramente a las delicias de la calidad del ser; no entregarse la magia, seguir la vía uterina y anal de las cosas, la vía de la libido auténtica, sondear toda la libido tanto con el automatismo despierto, como con el autoelectrismo de los sueños, y no hacer estallar fuera el resultado de estos terribles sondeos ante de que la angustia interna del buscador, por hambre y por dolor enamorada, no le haya impuesto por fin ser ese ser que se
sondeaba, y se deseaba así, no como su enamorada en él, sino como su más auténtica e insondable voluntad de vida, y que el alma no ha dejado de imantar en el fondo de la libido del sexo, y de llamar flor para la eternidad.
Es lo que yo buscaba hacia 1918 y un día me di cuenta de que otras almas como la mía buscaban la misma cosa que yo, salir del mundo como se entra en el mundo, pues en el mundo
no somos.


ANTONIN ARTAUD

De Cartas desde Rodez, Editorial fundamentos (1980)

enero 28, 2016

Noche, Antonin Artaud

Noche

Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana
nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas
en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos
crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos
contempla los cuerpos extendidos.
Entre el suelo y los pavimentos
la vida es una pitanza profunda.

Poeta, lo que te preocupa
nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresca,
el vientre está bien.

Mira como se llenan los vasos
en los mostradores de la tierra
la vida está vacía,
la cabeza está lejos.

En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande,
el mundo está atestado.

En cada aposento
el mundo tiembla,
la vida engendra algo
que asciende hacia los techos.

Un mazo de cartas flota en el aire
alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos
y de las pipas de la tarde.

En el ángulo oblicuo de los techos
de todos los aposentos que tiemblan
se acumulan los humos marinos
de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la Vida
y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan los cráneos
de la asamblea aérea.

El Verbo brota del sueño
como una flor o como un vaso
lleno de formas y de humos.

El vaso y el vientre chocan:
la vida es clara
en los cráneos vitrificados.

El areópago ardiente de los poetas
se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.

La vida pasa por el pensamiento
del poeta melenudo.

De "Oeuvres Completes" (Tome I)

Versión de Aldo Pellegrini

enero 27, 2016

Antígona entre los Franceses, Antonín Artaud

ANTIGONA ENTRE LOS FRANCESES

a Gaston Ferdíére

El nombre de la Antígona real que se encaminó al suplicio en Grecia 400 años antes de Jesucristo es un nombre de alma que ya no lo pronuncio dentro de mí más que como un remordimiento y como un canto.
¿Me he encaminado yo suficientemente hacia el suplicio para tener el derecho de enterrar a mi hermano el yo que Dios me había dado y del que jamás he podido hacer lo que quería
porque me lo impedían todos los yo distintos a yo-mismo, insinuados en el mío propio como no sé qué insólito parásito desde mi nacimiento?
Quién me volverá a dar a mí también mi Antígona para ayudarme en este último combate. El nombre de Antígona es un secreto y un misterio, y para llegar a tener piedad de su hermano hasta el punto de correr el riesgo de la muerte y encaminarse hacia el suplicio por él, ha sido preciso que Antígona mantuviese en ella un combate que nadie ha dicho jamás. Los nombres no proceden de la casualidad ni de nada y todo nombre hermoso es una victoria que ha conseguido nuestra alma contra ella en el absoluto inmediato y sensible del tiempo.
Para que ese nombre indescriptible de victoria vuelva a mí en la encarnación personal y formal de una mujer y de una hermana es preciso que la haya merecido como ella y que ella lo haya merecido como yo.
No se es hermano y hermana sin haber mantenido ese supremo combate interno de donde el yo personal ha salido como una victoria cercana y familiar sobre las fuerzas de no sé qué
abominable infinito.
El hermano de Antígona murió en la guerra luchando contra sus enemigos y mereció que Antígona lo acercase al momento de enterrarlo pero a su vez ella no pudo merecer enterrarlo
sin un combate parecido al de su hermano, no en el plano de la vida real sino en el del eterno infinito.
Ahora bien el infinito no es más que ese más allá que siempre quiere sobrepasar nuestra alma y nos hace creer que está en una parte distinta a nuestra alma, mientras que es el inconsciente de nuestra alma el que es ese más allá de infinito. '
Antígona es el nombre de esa terrible victoria que el yo heroico del ser ganó sobre las fuerzas obtusas y huidizas de todo lo que en nosotros no es ni ser ni yo, pero que se obstina en querer hacerse tomar por el ser de nuestro yo.
Nadie ha podido jamás ser Antígona sin primero haber sabido disociar en su alma la fuerza que la empujaba a existir, y haber sabido encontrar la fuerza contraria de reconocerse como diferente del ser que ella vivía y que la vivía.
El ser que yo vivo no me cogerá, y yo no cogeré a ese ser para morir y para irme, sino para lograr liberarme de él y no hundirme en la última ilusión que consiste en creer que no soy mas que el cuerpo en que me había enterrado la vida, necesito esa mano de piedad que la fuerza Antígona del ser supo separar de su ser contra el ser en el que ella se veía.
Pues nadie ha podido llorar sobre un muerto si no lloró antes sobre si' mismo, y si no supo enterrar su si mismo como lo otro de su yo: la muerte.
Esta fuerza de piedad es francesa. Es una fuerza de honradez interna que nos empuja a conservarnos francos con nosotros mismos, y no mentirnos jamás a nosotros mismos, en el
tormento del inconsciente y de los cuerpos.
A todas horas llegan hasta nosotros muchos cuerpos extranjeros que quieren ocupar el lugar intocado de nuestra alma, y el francés es ese yo eterno que jamás ha abandonado su alma, y como San Luis ha preferido morir de peste que ceder a sus enemigos.
Y nosotros no tenemos peor enemigo en el mundo que nuestro cuerpo en el momento de la muerte. Nadie ha podido ser francés y nacer en Francia si no ha sabido un día disociarse de ese cuerpo que nos constriñe como un enemigo extranjero, y contra el que ha ganado su naturaleza, y todo lo que es francés en Francia es la consecuencia de ese combate; pero quién lo sabe todavía hoy.
La tierra de Francia fue teatro de un extraño y misterioso combate que tuvo lugar en realidad y que tiene su fecha en la historia pero la historia no habla de él. ¿Y por qué?
Miles de hombres han muerto en Francia en grupo y por sus ideas y la historia jamás ha hablado de ellos.
Antaño se hicieron quemar héroes como soldados que se encaminan al fuego, y lo hicieron para perder su cuerpo y con el fin de encontrar otro que la Antígona de la piedad eterna
pueda acercar para enterrarlo, y darle algo con qué resucitar.
Y esto pasó en una época cercana a Juana de Arco y su suplicio, pues el suplicio de Juana de Arco es todo lo que la historia escrita ha sabido conservar y relatar de esa voluntad de combustión corporal por la que el yo francés del hombre se libera del enemigo extranjero.
Murieron para remontar su cuerpo francés, ¿pero dónde están y dónde esperan ahora a que vuelva su hermana Antígona que los hará volver del fuego a un cuerpo, y dará una tierra a
ese cuerpo reconquistado a través del fuego para que su alma pueda habitarlo siempre?
Están en Francia, y es en cuerpos de franceses vivos donde han esperado hasta hoy a que la Antígona delo Eterno volviese la cual les permitirá revivir su muerte. Esto con el fin de recuperar la vida. No sin una razón extraordinaria ha sido Francia llamada la tierra de los héroes, y porque ha sido la tierra de aquellos que prefirieron ir al fuego y bajo tierra a consentir a ese cuerpo extraño que vive sobre nuestra alma como un extranjero. De esa
tierra de donde cayeron, descenderá la Antígona de la eterna luz para volverlos a levantar.

ANTONIN ARTAUD

De Cartas desde Rodez, Editorial fundamentos (1980)

enero 26, 2016

Las madres en el establo (sueño) Antonin Artaud

Tapa retrato inédito de Antonin Artaud pintado durante su estancia en Rodez por Frederic Delanglade

LAS MADRES EN EL ESTABLO

Sueño

al Sr. J. D.

puertas, celdas, granero, comida, la habitación que tenía que elegir ¿era un granero o un establo; un refugio o una prisión?
¿era yo un hombre o un animal?
un mundo inagotable de pensamientos estaba alli, cuya llave sabía muy bien que la tenían en el fondo, pero que nunca se decidían a tendérmela, porque ninguno de esos pensamientos era yo, aunque fuesen todo lo que efectivamente pensaba yo.
Ahora bien las puertas de las habitaciones y celdas ante las que me encontraba y que en mi corazón temblaban de cólera, con sus cerraduras y sus llaves, en lo real estaban todas heladas
de silencio y de una hipócrita animalidad:
-me abriré cuando seas como yo, eso es lo que parecía decirme toda cerradura saltando de mi corazón.
yo era hombre pero las puertas con sus cerraduras de cólera querían verme pensarme a mí mismo como animal,
admitir por fin mi animalidad.
y era lo que yo no podía aceptar.
desconfiaba de cada puerta ninguna de las cuales me parecía segura para pasar, _ y no sabia si eran puertas que daban las prisiones del mundo o al espacio de las eternidades.
Ah, si todas las habitaciones hubiesen estado iluminadas como en el tiempo en que desde la pendiente de las montañas, abriendo ante mí la puerta de la inmensidad, veía el infinito sin cerradura y sin llave.
Pero ahora había muerto el tiempo de esto.
¿Por qué estamos también nosotras encerradas, no dejaban de mugir las cerraduras con sus puertas y sus llaves, nosotras que somos todo lo que ha querido encerrarte?
déjate llevar, por fin, déjate llevar, nosotras somos todas dignas porque tú eres digno, pero por fin estamos hartas de estar fijas, y nuestro comportamiento ha sido siempre el odio que abrigamos por tu dignidad.
Cuando se acababan estas palabras de la rebelión de los hombres contra mi buena voluntad, oí el desgarramiento de un gong que protestaba hasta en las nubes, señal de que todo infinito estaba ahora superado, ya que la misma inmensidad aullaha ante la violación que se le había hecho. Y yo sabía que el Infinito es alguien cuya misma dimensión está sin medida a no ser la de su voluntad, y que ésta grita hasta en las nubes a partir del momento en que es ultrajada.
¿Pero qué tenía que hacer yo con todas esas puertas del ser y con esos símbolos de personalidades en los que entrar? -
¿Soy entonces el cielo o el mar, o las olas de las inmensidades (les que oigo dentro de mi corazón como bueyes en un establo, yo que ando con mi esqueleto en la carne que no acabaré de doblegar hasta mi última hora?
¡No tendré vuestro orgullo puertas!
Prefiero el ruido de mi paso en la tierra que la violación de las eternidades.
Pero no tuve tiempo de acabar esta maldición contra la vida que me encierra en los caprichos de su calidad de ser, pues no era más que un feto levantado por las olas que me mugían; y las olas de todas esas puertas-mujeres, de esas cerraduras llaves que desde el oriente hipnótico de las cosas hacia mí con rapacidad, me transportaban a no sé qué en el que el ser del ser me rodeaba.
Son las Madres que cocean en el yo de todo hombre con de azagayas, me decía en ese momento mi pensamiento. 
Así es como ya no me sentía más que coceando, y que el paso del hombre en el que yo me escuchaba en la tierra y que la tierra había enterrado, habiéndome abandonado con mi esqueleto y mi carne, yo no era ya más que la intrusión de esas mujeres, donde toda puerta era ahora rechazada.
He aquí que por fin me vuelve la libertad pensaban en mí esas cohortes anudadas.
La libertad de ser y de abrazar lo que pienso, es decir mezclarse.
Para conocer la -felicidad de existir has dejado de considerarte como un límite, el límite de los cuatro brazos instalados contra todo lo que ha querido afluir. Las cosas no serán como tú has querido pensarlas, sino tal como se han querido a si mismas contra tu espíritu de insensata contención.
No se puede vivir sin animalidad.
- ahora bien desde hace demasiado tiempo yo conocía el punto de gelatina meníngea en el que se hunde la voluntad humana y qué abominables torsiones experimenta por parte de
una calidad de ser rebelada por haberse dejado engañar por falsas ideas. '
El yo quiero imprescriptible del yo no está solo en ese punto del cerebro donde el alma individual y personal se piensa, si-no que hay otros que cohabitan con él y que trabajan desde
siempre contra él.
Antes de que tuviese tiempo de decidir por mí mismo el ser de vivir me desposeyó.
Así es como las Madres violaron mi pensamiento.
Oleadas tras oleadas afluyen a mí desde todos los puntos de sus inmundas envidias, hasta el día en que entren en carencia, la carencia del Manifestado de la Vida.
Yo conocía antes el buey del granero y la cerradura del establo, la batalla entre el Manifestado y sus Madres y el No-Manifestado de las Supervivencias.
Supervivencia de lo que no fue la vida.
Sísifo volviendo a subir su roca en el espíritu no tiene para los sueños más necesidad que el grito de ese terrible AQUÍ YACE, en el que Aquel que no existe en la vida sino que para ser
necesita SUPERVIVENCIA, se dio a conocer a mi en mi sueño cuando las Madres me empujaron a la vida.
El inaccesible Infinito de las Supervivencias es para el ser más tentador que ser, ya que sobrevivir es superar un ser, cuando ese ser es estrangulado por la vida. Vivir es un tiempo, sobrevivir es: por el rechazo del tiempo de ser, no abandonar ya esa eternidad de NO-SER donde triunfa la Inteligencia celeste, Espíritu del No-Manifestado de la Vida.
Pero es aquí, les digo a las Madres del sueño en el momento de despertarme, AQUI donde pronto se la verá existir.

ANTONIN ARTAUD
De Cartas desde Rodez, Editorial fundamentos (1980)