El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

julio 02, 2017

En el dorado milagro... Juan L. Ortiz


EN EL DORADO MILAGRO. . .

En el dorado milagro de la tarde, en el último momento transparente de la tarde, pronto a florecer del cielo jardines que caen, caen, oh, cómo juegan los niños, en la calle verde,  verde, con espejos encantados.
Los niños, oh, cómo juegan.
Cómo la risa remonta
sobre el hambre, sobre el hambre.
Ah,  cómo juegan los niños
al borde de los vacíos
de oro pálido, con nubes
de blancor último,  nubes.
Ah, cómo juegan los niños, olvido que canta en torno de los espejos, y danza como tallos en la brisa. Oh, la pureza profunda de la alegría de ellos, de ellos que ya algo saben, no, que saben demasiado.
Demasiado saben, pero
aún ignoran
la pesadilla cortada
de metralla y muerte súbita
—sorpresa terrible de ángeles
despertados en el fuego
y la sangre—,
de  sus  hermanos  lejanos
de las ciudades de España.
Aún  ignoran,  aún  ignoran. Danzad,  corred,  oh  alegría efímera sobre el hambre, sobre la angustia nocturna, sobré la fatiga diaria, sobre el pertinaz  asombro,
en el dorado  relámpago de la tarde con espejos.
Gracias por la fuerza pura,
qué fuerza, oh hombres, qué fuerza
del íntimo surtidor
que abre rosas de alegría
en torno de los espejos,
de los  espejos  con nubes,
bajo el cielo pronto a abrir
jardines que caen, caen...

Juan L. Ortiz De El ángel inclinado (1937)


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