El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

septiembre 19, 2017

Sobre Demian de Hermn Hesse



Demian, Herman Hesse



"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo"Herman Hesse



La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero.

Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin, viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.

Alguno no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga.

Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez. Pero cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos orígenes comunes: las madres;

todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno –tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.

Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.


Demian Hermann Hesse




Recuerdo esa tarde de finales de Julio de 1982, la recuerdo bien porque en ese mes había hecho una gran travesura, salía comerme el mundo, a huir no se de que quizás de mi mismo y el mundo me termino comiendo. Tenía 13 años y mi gran aventura de escaparme de mi casa solo duro un par de días.  Esa tarde estaba aburrido y castigado, así como preso en mi casa, revisando la biblioteca en un estante perdido bien alto veo un libro de tapas duras verdosas y letras en dorado gastadas cubierto de tierra, no pude resistirme a hojearlo y soplarle el polvo, lo abrí e inmediatamente sentí el llamado de ese libro. Sentí que era mi búsqueda, que eso aclararía mis dudas, mis preguntas existenciales, mis ideas, mis dramas del vivir. Comencé a leerlo y no pude dejarlo hasta que lo termine en ese fin de semana.

Demian es una obra escrita por Hermann Hesse; muy emparentada con lo simbólico y el psicoanálisis de la escuela de Carl Gustav Jung. Trata acerca de la vida de Emil Sinclair, un chico con una forma de pensar distinta a la generalidad de la gente, sintiéndose confundido pues no encuentra el objeto de su estancia en vida, hasta que en cuentra su Daimond, Max Demian .

La acción transcurre de forma cronológica. Dentro de la propia historia, que ya de por si es un flash-back porque se nos relatan los acontecimientos rescatándolos de los recuerdos del protagonista y narrador, hayamos constantes referencias al pasado, es decir, flash-backs más breves que aparecen en la memoria del narrador mientras nos está relatando los hechos. Imperdible, apasionante, nunca es tarde para disfrutar de este libro, muchos lo tildan de lectura para la adolescencia y yo aún hoy con mis estaciones sobre mis hombros lo leo y no evito emocionarle como aquella tarde de finales de julio del 82.


  Jose Luis Colombini

septiembre 18, 2017

Tragedia, Vicente Huidobro



Tragedia

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.
Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder comprender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.


 Vicente Huidobro

septiembre 17, 2017

Telefonos, Vicente Huidobro



TELEFONO8

HILOS TELEFONICOS
CAMINO DE LAS PALABRAS

                            Y de noche
                            Violín de la luna
                                        UNA VOZ
Una montaña
             ha surgido ante mí
Lo que espera detrás
                                      busca su camino
DOS LUGARES
                                 DOS OREJAS
       Una larga ruta por recorrer
Palabras
                a lo largo de tu cabello
Una ha caído al agua
ALO
                                       ALO


Vicente Huidobro

septiembre 16, 2017

La Hija del Guardaagujas, Vicente Huidobro



La Hija del Guardaagujas

La casita del guardaagujas está junto a la línea férrea, al pie de una montaña tan empinada que sólo algunos árboles especiales pueden escalonar a gatas, aferrándose con sus raíces afiladas, agarrándose a los terrones hasta llegar a la cumbre.
La casita de madera desvencijada a causa del estremecimiento constante y los fragores. La casita pequeña en un terraplén de veinte metros junto a tres líneas.
Allí vive el guardaagujas con su mujer, contemplando pasar los trenes cargados de fantasmas que van de ciudad a ciudad. Cientos de trenes, trenes del norte al sur y trenes del sur al norte. Todos los días, todas las semanas, todo el año. Miles de trenes con millones de fantasmas, haciendo crujir los huesos de la montaña.
La mujer, como buena mujer, le ayuda a enhebrar los trenes por el justo camino.
La responsabilidad de tantas vidas satisfechas les ha puesto un gesto trágico en el rostro. Apenas si pueden sonreír cuando se quedan como suspendidos mirando a su pequeña, una creatura de tres años, graciosa, delicada, con gestos de flor y de paloma.
Pasan los trenes con el fragor de hierros y largos metales arrastrados de toda una ciudad que soltara sus amarras, de tantos fantasmas desencadenados y ebrios de libertad.
La hija del guardaagujas juega entre los trenes de su montaña con una confianza aterradora. Ignora que los niños ricos de la ciudad se entretienen con unos trenes pequeñitos como ratones sobre rieles de lata. Ella posee los trenes más grandes del mundo... y ya empieza a mirarlos con desprecio.
Es un encanto de niñita. Viva, despreocupada, suelta como si no quisiera apegarse a nadie. Se diría que un tren la arrojo allí al pasar como por casualidad.
En cambio sus padres viven pendientes de ella, la contemplan, mientras todavía es tiempo, la miman, la adoran.
Ellos saben que un día la va a matar un tren.


 Vicente Huidobro