El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

diciembre 05, 2016

Las palabras no cuentan, Elvio Romero



LAS PALABRAS NO CUENTAN...

Cantar, cantar evocando sucesos
que están oliendo a sangre, a agobio, a escombro;
dar un retrato vivo de jirones terrestres,
de angustia prolongada o árbol
desgranando su verde entre estampidos;
tener tantas palabras y no tener ninguna
entre el amor y el odio de los hombres.

¡Tanta edad, tanto tema de exterminio
llegan y forman libros, estantes, librerías;
tanto tema de llanto, de perforada atmósfera,
de agujeros amargos...!

Cuando hablamos de muertos,
de esas madres endebles, sabias de sufrimiento;
cuando hablamos de rápidos sucesos,
sucesos diseñados sobre un mapa de vértigos,
las sílabas nos duelen, las palabras retumban
mutiladas, cortadas de quebranto,
se resisten las letras, los acentos gotean
y el hombre es una máscara deforme,
una sombra entre escombros y escombreras.

¿Qué son estas estampas,
las líneas contraídas, las imágenes tristes
de las hondas goteras de la lágrima,
del beso prisionero sobre redes de llanto?
¿Por qué retratos rotos, y no vida?
Todo se va en papeles, estantes, librerías,
láminas en desuso, tinta gastada y seca.
En nada, en nada más que en papeles,
pilones de papeles,
en palabras gastadas que no cuentan...

¡Cómo se olvida al hombre y sus verdades!
¿Por qué la noche y no la transparencia?
¿Dónde el preciso móvil que lo lleva a la lucha,
con urgencia de vida?
Dentro de este desorden y estos vertiginosos
bautismos de metales:
¡cuántas palabras, sílabas raídas,
y al fin saber que no hay una palabra, mil palabras
que retraten exactas estas ruinas, enseñándole al
hombre
la luz, las claridades!

Tanto ver la pobreza...;
tanto morir por dentro con los muertos,
y luego ver que existen noches largas, secas,
tensas, vacías, de fiestas o festejos
-por otros meridianos y otras patrias sin
que nadie recuerde estas tremendas
hondonadas de sangre...

¡Cuántas palabras sobran!
¡Qué urgencia de seguras vocaciones y brújulas
para cruzar la niebla de este tiempo en desvelo!

Recordar a los muertos, su madera
de crucifijos rotos;
y no ver condolerse más que a aquellos
que en el vértigo estaban;
a nadie más estas vasijas llenas
de humareda y sangrías, este drama de pueblo,
a nadie, a nadie, ¡a nadie!

... Caminar sobre asfaltos de cadáveres,
encajes afligidos y frentes desgarradas;
rememorar las ruinas, la camilla, la venda,
las venas como sogas resecadas,
el asombro, la sangre...

Elvio Romero
De días roturados (1948)

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