El gato del espejo se sustenta de mi biblioteca personal, de videos filmados por mí en lecturas, actos culturales, presentaciones de libros, recitales, conferencias, encuentros de poetas etc.. Y que comparto públicamente subiéndolos a mi canal de you toube. Como así también de mi archivo fotográfico personal. Todo lo publicado es sin fines de lucro y solo con el fin de difundir. Podes copiar, levantar, usar nuestro material pero solo te pedimos una cosa, por favor, cita la fuente.

Te invitamos a perderte en los laberintos, a reflejarte en los abismos de los espejos, a navegar por la maravillosa tierra del ensueño que es la Poesía. El Gato del Espejo.Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinventa mágica y misteriosamente al otro y a los otros.El Gato del Espejo dónde puedes a recorrer el camino del lenguaje sencillo, de la imagen sutil y la pasión más sagrada a través de palabras empapadas de magia: POESÍA. LITERATURA. ARTE.“Poemas para compartir y regalar”. Un lugar que tiende a convertirse en un remolino de hojas sueltas que el viento transporta, de lágrimas como cristales musicales.Una colección de carteles, poemas, imágenes, cuentos, palabras, música y fotos involuntariamente cómicas y también una manera de mirar, de detenerse un poco y dejar que lo cotidiano sea atravesado por el asombro.El Gato del Espejo pretende ser un conjunto de frases nómades que emigran de manos en manos, de corazones en corazones, un cuaderno de bitácora como un árbol que brinde sus hojas, para que puedas compartir y regalar en cada texto, la magia, que contiene este puñado de palabras.

noviembre 22, 2016

Nosotros y los dinosaurios, Sam Shepard



Nosotros y los dinosaurios



En Rapid City, South Dakota, mi madre me daba cubitos de hielo envueltos en servilletas para que los chupase. Estaban Saliéndome los dientes y el hielo me insensibilizaba las encías.

Aquella noche atravesamos los Badlands. Yo viajaba en la bandeja que hay detrás del asiento trasero del Plymouth, mirando las estrellas. El cristal estaba helado al tacto.

Nos detuvimos en la pradera, en un lugar donde había un círculo de enormes dinosaurios de yeso blanco. No era un pueblo. Simplemente los dinosaurios iluminados desde el suelo por unos focos.

Mi madre me llevó a dar una vuelta abrigado bajo una manta parda del ejército. Tarareaba una canción lenta. Creo que era «Peg a’ My Heart». La tarareaba bajito, para sí misma. Como si sus pensamientos estuvieran muy lejos de allí.

Serpenteamos lentamente por entre los dinosaurios. Por entre sus patas. Bajo sus tripas. Describimos círculos en torno al Brontosauro. Miramos desde abajo los dientes del Tyranosaurus Rex. Todos tenían unas lucecitas azules a modo de ojos.

No había nadie. Sólo nosotros y los dinosaurios.



9/1/80

Homestead Valley, Ca.



Sam Shepard de Crónicas de motel, editorial Anagrama (1982) Traducción de Enrique Murillo




Pat Boone Peg'o My Heart

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